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[e-Rol]Enviado el 22-sep-2006, 21:39 h. (0) Citar[ Siento haber tardado en contestar, cuando ponía la página del templo se me bloqueaba el pc. Es asín de majo él... ¬¬ ]
López avanzó fieramente, directo hacia el coche de aquellos mocosos. Apoyó sus manos en el capó hundiendo sus dedos en la chapa barata que componía aquel cacharro. Los mortales, aterrados, se arrebujaron en sus asientos. Mirando amenazadoramente, el Lasombra les ordenó: -Todos, a la puta calle. Hoy iréis a casa andando -sacó su espada, aún llena de sangre por la masacre de los militares- [b] Y espero que a ninguno de vosotros se le ocurra hacerse el héroe. Comenzaron a bajar, dos de ellos ya se habían meado en los pantalones y sollozaban algo sobre volver con su mamá. Cuando el piloto iba a bajar, López, rápido como un rayo, le puso el afilado borde de su espada japonesa en el cuello y susurró: -Tú no vas a ningún sitio muchacho. Quiero que me lleves a Rawmeat Hills, y que sea rápido. No, mejor aún, a TODA HOSTIA Las sombras se arremolinaban en torno al antiguo Lasombra, hasta el punto de parecer una visión salida del mismisimo infierno. Los demás adolescentes huyeron presa del pánico, pero el conductor, aterrado, no tuvo más remedio que obedecer. Aquella noche de fiesta no le había salido tan bien como había planeado. Derrapando, comenzaron a subir hacia las colinas, dominio Tzimisce. Esperaba que todo en el hospital hubiera ido bien, y que la Obispo continuara de una pieza. No se fiaba de aquella jodida Giovanni. Cuando finalmente llegaron a donde, al principio de aquella noche debía haberse celebrado una reunión Sabbat, López advirtió que... ______ Que no está muerto todo lo que puede yacer eternamente, y con el paso de los evos extraños, incluso la muerte puede morir. |
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