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Historia de personaje: Ehpehtehcaremore.

Enviado el 07-sep-2006, 11:26 h. (0) Citar
CAPÍTULO III

De las apasionantes aventuras de Ehpehtehcaremorer, Clérigo de Pelor, y sus comienzos en el grupo.

Todo empezó a finales del año I a.D., fue entonces cuando conocí a un grupo de aventureros muy “cachondos”, en concreto creo que eran tres: un ladrón llamado Kassúr, un druida raro “de cuyo nombre no quiero acordarme” y otro ladrón al que llamaban El Merda III.

Aún recuerdo cuando me presenté. Me dijeron sus nombres y a continuación me preguntaron: ¿cómo te llamas? y les respondí: me llamo Ehpehtehcaremorer y Kassúr me dijo ¿Ehpeh qué? Yo le repetí mi nombre y acto seguido, un sujeto, individuo o cosa rara a la que ellos llamaban... “Master” ¿*∆Ж¶? me dijo: Po’ fale eeee..., bueno..., Petercáremor. Era la primera vez que me llamaban así y, la verdad, todavía cuando lo recuerdo me hace gracia, aunque hay que decir que hoy en día aún hay gente que no sabe escribir mi nombre (con lo fácil que es).

Bueno, a lo que vamos, ¿QUÉ POLLAS HACÉIS? (Esta era la frase que más veces repetía una especie de voz en off al que “cariñosísimamente” llamaban Master). En fin, la verdad es que al principio me trataron muy bien, me decían: ¡¡Qué bien nos vas a venir pa’ echarnos unos cures!! Hay que señalar que mis comienzos en el grupo fueron lo que yo llamo “muy pero que muy tristes” ya que con el poco nivel que tenía casi que me limitaba a funciones de O. N. G., pues, sólo echaba Cures, conjuros como el Santuario para que no me pegaran, en fin, pos’ eso, mu’ triste, de ahí que, un año más tarde, fundara la O. N. G. Clérigos sin fronteras. En los primeros encuentros yo nunca veía de donde salían los enemigos, y tampoco los escuchaba, de ahí que me dijeran que yo era un autista y que además estaba tordo. Lo del Alzheimer vino más tarde; fui a lanzar un conjuro y se me olvidó como se tiraba. Estas cosas han sido mi tarea pendiente y he ido mejorando con el tiempo (hoy en día no estoy tordo, ni tengo Alzheimer, ni soy autista, aunque de vez en cuando vuela ese “fantasmilla” por ahí). Pero adentrémonos un poco más en las aventurillas propiamente dichas.

Resulta que era un tranquilo día de Invierno. Lo primero que recuerdo es un increíble sarao que se formó en un andamio en el que trabajábamos. Éramos una especie de albañiles pero más bien en plan cutre, tú sabes. Lo cierto es que el andamio no ardía ni se cortaba ni ná, era un andamio vabrón.



También había bichos mu’ raros a los que ellos llamaban Galartobúhos.

Poco después fuimos asaltados por muchos orcos, por lo menos, por lo menos, unos doce. Al día siguiente no sabíamos dónde estábamos, al parecer en un campamento orco, pero éste ya no era el del andamio y, cuando menos lo esperábamos, fuimos asaltados otra vez por muchos orcos. Al final pudimos matarlos a todos pero hubo un compañero nuestro que murió en el intento, fue el pobre de Kassúr (Pelor lo tenga en su Gloria). Cabe destacar que en este día se unió al grupo un paladín (perdón, paladina, es que al principio creíamos que era un tío) su nombre era Ariadna y la primera impresión que me dio es que era un poco creída. Al día siguiente por la mañana estuvimos luchando contra un Terracón (una mezcla de terraza y balcón) ¿*∆Ж¶?, y os preguntaréis que por qué cito la batalla con el Terracón; pues, porque fue la primera vez que vi morir a un druida.

A la mañana del siguiente día nos encontramos con otro druida, curioso, ¿no?, y para colmo éste también hacía las mismas tonterías que el otro, aun así decidimos dejarle agregarse al grupo, su nombre era Dinsclorzort. Así que el grupo quedaba constituido en esos momentos por cuatro personas Ariadna, paladina, El Merda III, ladrón, Dinsclorzort, druida, y por supuesto Ehpehtehcaremorer (sobran las palabras).

Nunca olvidaré aquella mañana. Nos asaltaron seis perros del infierno, tres ogros y el drow, el resultado del combate fue lamentable. Como se podía esperar, Dinsclorzort cayó al suelo casi muerto, también cayó Ariadna, pero es que yo, YO, el “gran” Ehpehtehcaremorer, también caí; el único que medio salió vivo fue El Merda III. Al final los orcos nos hicieron prisioneros y nos encerraron en una cantera para trabajar como ¡¡¡¡picapedreros!!!!; ¡¡¡¡muy fuerte!!!! ¡¡¡¡con lo que nos gustaba a nosotros la construcción !!!! Y por supuesto, nos quitaron todas las armas, armaduras, pociones,... es decir, que nos dejaron en bolas, bueno algunos llevábamos “tapaggabos”.

Fue entonces, durante nuestra estancia en la cantera de los orcos, cuando al fin pudimos comprobar que Ariadna era realmente una tía; unos orcos to’ bestias la violaron tres veces por lo menos, la verdad es que ella no oponía mucha resistencia, ¡arrr! A todo esto, nosotros no parábamos de ver pasar drows por la cantera, aquello parecía la pasarela Cibeles.

Entonces llegó lo bueno, para intentar escaparnos se le ocurrió la feliz idea, no sé a quien, de romper las cadenas que llevábamos en los pies con uno de los picos con los que trabajábamos. Dinsclorzort, en vez de partir la cadena le partió la pierna a Ariadna, “¡¡¡muy bien!!!”, primer intento fallido. En el segundo intento Dinsclorzort hizo lo propio con El Merda III y también le partió la piennaaa, ¡¡¡aaaaarrrrr, qué dolor!! Desde entonces decidimos apodar al grupo como la COMUNIDAD DEL COJILLO, ya que Ariadna y El Merda III estuvieron varios días sin poder andar (mu’ triste). A partir de este momento es cuando, Ehpehteh, o sea, yo, empecé a tenerle odio a los orcos por como nos trataban los mu’.......¡¡¡¡¡*∆Ж¶!!!!. Luego rechacé que Dinsclorzort intentara partir la cadena de mi pie, no sé por qué, pero es que tenía un mal presentimiento.

Finalmente pudimos escaparnos, pero los orcos salieron antes y nos bloquearon la única salida dejándonos encerrados como ratas. A todo esto, la cantera se iba inundando a un ritmo vertiginoso.

Al comenzar la escapada, tuvimos un encuentro con una enigmática exploradora cuyo nombre era Queen Flowers, la verdad es que ella tenía buena pinta (como guerrera porque físicamente... CARISMA 7... muy triste, ¿no?,la verdad es que nunca he visto a nadie tan feo/a) pero, en fin, EL CASO (otra palabra muy usada por el Master ese), ella nos ayudó mucho desde entonces.

Lo que ocurrió en los días siguientes lo resumiré un poco porque no pasaron cosas realmente interesantes o anecdóticas. Nos encontramos con un Dragón tetraplégico y mutilao’ con el cual hicimos un pacto: si encontrábamos su ojo nos daría una pista para poder salir de la cantera, lo encontramos, se lo dimos y el nos dio la pista “EL número con más suerte es el que en la ropa más mala pinta tiene” El 7. Pues, estuvimos probando todos excepto el 7; 6, no es; ni 1, ni 2, ni 3, ni 9, 5 tampoco. 7 número puto, hay que ser inútiles (s1 y s2, fórmula matemática con la que Dinsclorzort pretendió resolver éste y otros muchos enigmas que vinieron después, el resultado en todos ellos fue el mismo: muy deficiente).

Después nos volvieron a salir unos perros del infierno, y la verdad es que yo lo pasé muy mal con esos perros perrunos, o ellos no me entendían a mí, o yo no los entendía a ellos; por ello también les tomé odio como bien consta en el diario: “Ehpehtehcaremorer odia a los perros que echan fuego”.

Varios días después y siguiendo con la escapada Ariadna encontró la muerte a manos de una sombra un tanto rara, (fue un gran paladín, eh, perdón, paladina) y desde que ella murió yo vengo aborreciendo a las paladinas, no sé por qué. A los pocos metros nos encontramos con otro aventurero, en este caso un hechicero llamado Malark (High Quality de hechicero), por lo que ahora el grupo lo formaban cinco: Malark, hechicero, Ehpehtehcaremorer, sobran las palabras, Dinsclorzort, druida, Queen Flowers, exploradora, y El Merda III, ladrón.

Poco después llegamos a una habitación donde había un martillo, el martillo del que tanto me habían hablado y que por fin teníamos en las manos, bueno al final lo cogió Dinsclorzort que era el único que tenía fuerza para levantarlo (¡¡¡¡ GRAVE ERROR !!!!); al poco tiempo llegamos a una sala que contenía unos enormes cofres, (ya teníamos el martillo que tanto tiempo habíamos estado buscando) abrimos algunos de ellos y cogimos alrededor de 60.000 monedas de oro (¡¡¡¡¡por fin!!!!!, ya podíamos decir que éramos ricooos). Empezábamos a divisar la salida de la cantera, pero... ¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOO!!!!!! tuvo que llegar Dinsclorzort y decir: “esperad, no os vayáis, que voy a hacer una cosa”, acto seguido le dijimos: “¿qué cosa?” y contestó: “una cosa, voy a darle un martillazo a una cosa”; JAMÁS se me olvidará aquella frase. Todos le dijimos: “pero, ¿para qué? si ya tenemos el martillo, y encima llevamos 60.000 monedas de oro, qué más quieres, ¿pa’ qué vas a hacer eso?” y replicó: “vosotros dejadme a mí que ya veréis”. Acto seguido le metió un “viaje” a la montaña que el muy (que Pelor me perdone por todo lo que voy a decir a continuación), que el muy PIII ¿*∆Ж¶? PIII ¿*∆Ж¶? PIII ¿*∆Ж¶? PIII la derribó, el muy PIII ¿*∆Ж¶? ES LO QUE TIENE, dijo el tal Master, (otra de sus grandes frases); como consecuencia perdimos todo el oro que llevábamos (60.000 p.o.) se me rompió la maza que había encontrado y menos mal que se salvó el martillo, o eso creo, en fin; es, o no es pa’ matarlo... el muy... ¿*∆Ж¶? Éste fue el primer gran agravio.

Ya en la salida vi por primera vez –y mira que he visto cosas raras- un barco de papel que tenía un palo de palo(*2) (ojo al dato). Más tarde, tras matar a Eritíone (guardián de la salida que en realidad era un espectro) y fulminar algunos esqueletos al servicio de ella, conseguimos salir de la montaña y acabar con aquella apasionante aventura. En aquel momento la Comunidad del cojillo estaba formada por Malark, hechicero, Ehpehtehcaremorer, sobran las palabras, Dinsclorzort, druida, Queen Flowers, exploradora, y El Merda III, ladrón, en verdad, grandes aventureros todos ellos.
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2 Uno de los múltiples “palabros” de nuestro Master. Hoy en día todavía se reafirma y dice que está bien dicho. En fin, habrá que darle la razón.
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