|
|
Mage The AwakeningEnviado el 04-ago-2005, 20:48 h. (0) CitarActualización del jueves 4 de agosto de 2005
Diario de Arctos La moto dio contra el suelo y se paró de golpe en cuanto el tipo que la conducía levantó un enorme pistolón y luego pegó un tiro directo a la "cabeza" de la criatura. Pam. Puntería perfecta. Pero no con una bala — parecía más bien alguna clase de disparo de bláster de Star Wars o algo así. La cosa se deshilachó. Quiero decir, que se vino literalmente abajo en pedazos y los pedazos se desintegraron. La brecha de la pared se cerró de golpe con un estruendo. El tipo de la moto apuntó su arma a Angrboda, que frunció el ceño. "Que te den, Angrboda," dijo el tipo. No podía ver su cara tras el visor del casco. "Tregua, Zeno," dijo Angrboda. "Tomaré al chico y me iré." "Invocas un maldito Devorador en mi territorio, ¿y te dejo ir sin más? Sal cagando leches — sólo — o veremos quién sale ganando." Angrboda me echó una mirada furiosa, pero se fue. No estaba contento, pero era obvio que no quería enfrentarse al nuevo tipo. ¿Quién lo haría? Era como salido de una peli o algo. El tipo de la moto — Zeno — me miró. "Mierda estúpida. Esfúmate de mi campus." "¡No puedes dejarme sin más!" Grité, con todo el terror y miedo volviendo de repente. La euforia que tenía al haber estado en la torre de hierro se había ido. "Deberías haberlo pensado antes de haber ordenado para llevar. Sal de aquí." Me apuntó con su arma. Corrí. Nunca antes había estado sin casa. No tenía ni idea de cómo montármelo (aún no la tengo). Acabé en el bosque, acurrucado en una cueva, con el culo helado y lloriqueando aterrado. Lo siguiente que sé, es este tipo dándome con un bastón. "Levántate, pequeño oso. Se acabó la hibernación." Morvran, por supuesto. Me dio comida y me explicó lo que había pasado, y con quién había estado tratando. Conocía a ese Angrboda desde hace tiempo y lo había estado vigilando. Tenía la cabeza hecha un revoltijo, pero sabía que este colega-Aragorn me decía la verdad. Era un completo extraño, pero sabía que podía confiar en él. No sabía porqué. Le supliqué que me enseñara a defenderme de esa mierda con los demonios, y balbuceé algo sobre la torre de hierro, cadenas y grilletes, confesión, y mi nombre en la pared. Escuchó pacientemente y sin sorprenderse, entonces agitó la cabeza. "Tienes un destino. Puedo ver la marca en tu alma. Despertaste en la Atalaya del Guantelete de Hierro. Tu Senda no es la misma que la mía. Pero hay otros en mi orden que pueden enseñarte." Y entonces me trajo aquí, a esta escuela privada de élite (de nuevo, nada de nombres). El director — Maestro Aurem — no pareció contento de vernos a ninguno de los dos, e incluso menos contento cuando Morvran le contó acerca de mi experiencia. "Chico, ¿estás preparado para convertirte en algo que es obvio que no eres? ¿Un maestro de tu propia alma?" Sabía qué decir, incluso sin saber qué coño estaba pasando... ______ Las lechuzas no son lo que parecen. |
1998, 2008 © Templo de Hécate. Juegos y videojuegos de rol y estrategia