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Windom Earl
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Mage The Awakening

Enviado el 03-ago-2005, 19:43 h. (0) Citar
Actualización del miércoles 3 de agosto de 2005


Diario de Arctos

No es fácil escribir eso. Pensé que lo tenía controlado, pero ahora he tenido que ir y escribirlo, joder. Mierda.

Vale. Voy a terminar esta cosa.

Escuché algo detrás de mí, y me giré justo a tiempo para quitarme de en medio de esa cosa de ojos de insecto, que ahora intentaba empujarme a mí dentro de la brecha. Mientras la miraba, aún sin creerme de verdad lo que estaba pasando, supe de repente qué era. Tuve una visión — no sé de qué otra forma llamarlo — de esta jerarquía de seres, desde arcángeles en lo alto a demonios abajo del todo. De alguna forma supe que la cosa no pertenecía a ninguno de esos niveles. No era de por aquí — este no era para nada su lugar.

Y mientras lo asimilé — que lo que estaba pasando era más que real y que la cosa podría aniquilar mi vida abruptamente y lo mismo con cualquier vida posterior (¡y antes no creía en esas chorradas!) — mi pelo se volvió completamente blanco. Al menos, ese es el momento en el que creo que pasó, cuando miro atrás. Mi pelo era negro, pero ahora es blanco puro.

Entonces ya no me encontraba en la habitación. Estaba en una llanura negra y sin rasgos que la definieran, con nubes negras tan bajas que ni siquiera estoy seguro de que hubiera cielo. Ante mí había un edificio similar a un rascacielos, sólo que no tenía ventanas. Parecía que estuviera hecho de algún metal oscuro — quizás hierro. La puerta estaba abierta y salía una leve luz del interior. Estaba en un trance, viéndome a mí mismo caminar hacia dentro. No, no fue así. Era más como si una parte de mí decidiera entrar, pero era una parte de mí que no conocía, una parte que tenía mejor juicio y no pedía permiso al resto de partes que normalmente tomaban las decisiones. Mi resto idiota es quien me metió en este lío en primer lugar.

El interior parecía una cámara de tortura o mazmorra, sólo que extrañamente limpia y, bueno, brillante. Quizás era más como una sala de fetichismo sexual o alguna cosa pervertida por el estilo, sólo que no lo sentía como eso. Era mucho más serio. Había cadenas y grilletes en una pared, y sangre seca alrededor. En la misma pared — grabados en el metal, por el amor de Dios — había nombres. Había algunos en inglés, otros en árabe, y otros en — no sé — chino o japonés o algo. Toda clase de idiomas.

Entonces me fijé en un confesionario, como los que hay en las iglesias Católicas. Fui y me senté. No había sacerdote, pero de todas formas empecé a soltarlo todo, llorando como un bebé, contando toda la mierda que hice en toda mi vida y suplicando una segunda oportunidad, sabiendo que el monstruo de ojos de insecto iba a comerme cuando todo hubiera acabado. Cuando abrí los ojos, el confesionario y todas las cadenas habían desaparecido. El lugar estaba puro y limpio y había un nuevo nombre en la pared, grabado con líneas perfectas. Mi nombre.

Entonces volví al apartamento, con la cosa esa abalanzándose sobre mí como si no hubiera pasado nada de tiempo. Pero ya no tenía miedo. La verdad es, que quería darle una buena paliza a esa cosa. Las cosas eran diferentes — lo sabía en lo profundo de mis huesos. En lo profundo de mi alma.

Y ahí fue cuando el tipo de la moto entró rompiendo la ventana...

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Las lechuzas no son lo que parecen.
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