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Mage The AwakeningEnviado el 03-ago-2005, 03:07 h. (0) CitarPosteada por Frances Lynx en requiemnocte
Actualización del martes 2 de agosto de 2005 Nací hace unos 20 años, más o menos (no voy a poner mi fecha de nacimiento, número de seguridad social o nombre — por todas las razones que he mencionado antes). Mis padres estaban en gran medida ausentes sin licencia en el departamento de atención y afecto. No son mala gente, tan sólo yuppies narcisistas que se volvieron empresarios de las punto com y luego Republicanos. A menudo me dejaban crecer "a mi bola", y desarrollé una "brújula moral algo errática", como dijo mi consejero escolar. Hice todo esas cosas obligatorias de jóvenes como robar en tiendas, pero nunca me cogieron y nunca "aprendí la lección". Entré con calzador en la universidad, principalmente porque mis padres estaban demasiado avergonzados de no tener un niño que hubiera estudiado en la universidad. Echaron dinero al decano de una pequeña universidad urbana de arte (No, tampoco voy a poner el nombre — contrata un detective privado si quieres). Me gustaba garabatear, pero no estaba seguro de lo que quería hacer con mi vida. Ahí es cuando conocí a Sigmund. Se trataba de un extranjero raro metido en todo esto de la "magia" y Crowley y otras clases de chorradas ocultistas. Digo "magia" entre comillas porque no era magia, en realidad. Era lo que los Durmientes creen que es la magia — es lo que yo pensaba que era la magia. Era guay y elitista, y nos dio toda clase de excusas para mirar con tamaño desdén a todos los paletos que no tenían idea. Dios, qué capullos que éramos. En fin, Sigmund era un neo-Gótico. Se ponía maquillaje y tenía las uñas largas y tenía una habilidad pasmosa para devolver los asaltos verbales a sus atacantes, haciéndolos decir cosas estúpidas sin que se dieran cuenta. Empecé a quedar con él y aprendí "magia". Creí que por fin lo había encontrado — lo que siempre había estado buscando pero nunca supe. Algo acerca de ello — la sensación, el ritual, toda la atmósfera — me llegaban más hondo que cualquier otra cosa. Estaba en serio peligro de perder mis credenciales de Generación X hastiada y empezar a interesarme de verdad por algo significativo por una vez en mi vida. Una noche, Sigmund empezó a meterse conmigo, acusándome de ser un mierdecilla blanco y puro que temía invocar a un demonio Goetico. No podía dejar pasar eso, así que yo, Sigmund y otro muchacho que andaba con nosotros, este idiota llamado Thomas, sacamos la Llave Menor de Salomón y comenzamos una invocación. Las cosas se volvieron extrañas. Era como si hubiera sombras cubriendo la habitación, pero no tanto como para concretar. Todo el mundo sintió esa presencia. Thomas se espantó y huyó, pero yo, envalentonándome, ordené a la entidad que me ayudara a aprobar los exámenes de la semana siguiente. Noté un sentimiento de respuesta definido, y entonces se fue. Nos reímos y fuimos a tomar unas cervezas. Fue una gran diversión. Fui demasiado vago como para estudiar, y sabía que había dejado sin contestar muchas preguntas de los exámenes, pero aun así acabé con sobresalientes. Extraño. Cuando Sigmund se enteró quiso hacer de nuevo el ritual, pero esta vez, quiso traer a su "magus", el tipo que le había introducido a Crowley y a la magia. La noche siguiente, conocí al tipo — o reina, más bien: delgado, vestido de cuero, y presentándose con esta lerdez de nombre Gótico, "Angrboda". Quería ver lo bien que podía realizar evocaciones, y me ofreció su propio libro de demonios — uno del que no había oído nunca. No era el S. L. MacGregor Mathers o Amanecer Dorado de toda la vida. Era algo más como Lovecraft: nombres impronunciables e imágenes desagradables. Angrboda señaló un demonio del libro, me explicó cómo se pronunciaba su nombre y luego me retó a traerlo. Hice lo mismo que hice la otra vez, pero con el nombre nuevo. Esta vez no fue para nada como la anterior. Apareció una enorme brecha en la pared del apartamento y luego se ensanchó como si empujaran unas manos que no podía ver. Salió algo oscuro y borroso y fijó sus ojos de insecto sobre mí. Lo juro — unos putos ojos de insecto, como una mosca o algo. Casi me pongo a reír, pensando que era una broma, pero algo en mis tripas me agarró tan fuerte el culo que casi vomité. Angrboda chilló: "Este es tu señor. Inclínate ante él". La cosa alargó algo que parecía como un brazo — y me horroricé del todo. Lo esquivé detrás de Sigmund y el brazo lo agarró a él en vez de a mí. Arrojó a Sigmund a la brecha de la pared. Estaba chillando como un loco. Y yo, por una vez en mi vida, me sentí culpable de verdad. Me abalancé hacia la pared para agarrarlo. Estaba ahí colgado — de lado — apenas sujeto a la pared con las manos, y con un fuerte viento que tiraba de él desde algún lado de ahí dentro. Intenté alcanzarlo, pero no pudo aguantar. Fue absorbido. Se fue... ______ Las lechuzas no son lo que parecen. |
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