Registrarse
Invitado
  • Ver mensaje
Ver perfil
scythe
Cliath +18
  • Usuario fuera de línea

Relato:

Enviado el 10-sep-2007, 21:21 h. (+1) Citar
Bueno, pongo esto aquí, porque no sabía dónde colgarlo y puesto que es literatura barata de manufactura propia (vaya prefacios me marco, ni Stephen King):
_____________________________________________________________________

Año 2050.

Esto es Dodge City. Sí, ya sé qué me vas a preguntar. No es la Dodge City del OK Corral y todos esos duelos al Sol. Aquí las balas vuelan a la luz de la Luna -cuando se digna en aparecer la muy puta-. Dodge City es una de esas ciudades semiindependientes que florecieron a finales de los años veinte a la sombra de las corporaciones.

Empecemos de nuevo:

Esto es Dodge City. Ciudad de lujo desmedido, rascacielos neogóticos y guarida de la mayor corporación criminal del mundo. La Mishima Corp. Por supuesto si se te ocurre decir que la Mishima es una organización criminal probablemente alguien del departamento de policía o del ayuntamiento se ría de tí o tal vez no se ría y te meta algo de plomo en esa cabeza hueca tuya.

La Mishima lo controla todo. Drogas, juego, prostitución, pero sobre todo armas. De ahí es de dónde salen casi todas las armas del Medio Oeste Americano. Muchas llegan incluso a Europa. Claro que nadie se queja. Todo está bajo control gracias a los valientes miembros del cuerpo de policía. Todos los días detienen a varios camellos y hacen grandes redadas contra los señores del crimen de Dodge City. Ninguno de ellos trabaja para la Mishima por desgracia. Ellos controlan a la policía, tienen untados a varios concejales y a más de un juez en nómina. El gran escándalo llegó cuando el fiscal del distrito fue cogido infraganti en un putiferio con varios directivos de la Mishima. El reportero que sacó hizo las fotografías no pasó de la noche siguiente pero uno de sus compañeros se adjudicó un apestoso pulitzer a su costa manipulando la noticia de manera que sólo el fiscal quedase implicado. Pero eso sólo lo sabemos cuatro gatos.

Por cierto, me llamo Ed. Mi apellido no importa, no creo que le importe siquiera a los polis que me detengan la próxima vez que haga algo ilegal, porque seguramente no vaya a disfrutar nisiquiera de una maldita lápida como consecuencia.

Soy detective privado, aquí, en la peor ciudad del mundo. Trabajo para Mason Bros Detecective Agency. La gente recurre a nosotros porque saben que la policía no sirve ya. Por desgracia no podemos hacer justicia como muchos desearían, pero podemos acercarnos a la verdad. Eso es lo bueno de este trabajo. Que te acercas a la verdad. Pero también es lo malo -si exceptuamos, las balas, los bajos fondos y unas ganancias escasas-. Para trabajar en esto hay que tener la cabeza muy fría y estar como una puta cabra a la vez. Porque si no lo estás acabarás estándolo. Todos los días ves asesinatos, violaciones, secuestros, sobredosis, pero eso lo puede ver cualquier ciudadano que viva al este del Whestley Park; lo peor viene cuando te metes en ellos, cuando te sumerges en la mierda y sales con la boca llena. Los somníferos ayudan a dormir, pero no a pasar el día.

Hoy es una noche especial. Investigaba a un supuesto marido infiel cuando me encontré con una bonita escena en el East Side:

El agente especial Simons fumaba desganadamente un cigarrillo mientras hablaba con el comisario Nobinsky. Las furgonetas de la Policía Acorazada rodeaban la plaza Martin Luther King y sus hombres apuntaban hacia un edificio semiderruído. En el centro de la marabunta las luces de los coches alumbraban un cadáver: el marido de mi cliente.

Comencé a tomar notas y sacar fotografías al cadáver. El agente Simons se acercó a mí.

-¿Qué coño haces aquí, Ed? ¿Conocías al tipejo?

Simons era un tipo bastante joven. Treinta años a lo sumo, pero parecía cansado de la vida -y viviendo en Dodge City no me extraña-. Llevaba una cazadora impermeable de esas del FBI y unos pantalones de pinzas color beige que no pegaban con unos zapatos negros de corte inglés. Parecía que se había levantado y se había puesto lo primero que había encontrado -y probablemente así había hecho-.

Guardé la cámara y mi bloc de notas y encendí un cigarro. No le contesté hasta que le dí la segunda calada mientras miraba el cadáver.

-Más o menos, Walter. Le estaba haciendo un seguimiento. Ya sabes, un hombre de negocios, una mujer celosa, reuniones de trabajo, etc.

-Sí ya sé- Simons miraba el cadáver mientras se pasaba la mano libre por su barba mal afeitada -. Pues parece que la última reunión acabó mal. ¿Sabías algo importante de él? ¿Para quién jugaba sucio? ¿En qué asuntos andaba metido?

Saqué mi libreta nuevamente. Ojeé un par de páginas.

-Jason Parker III, casado con Amanda Parker, su apellido de soltera es Arleigh. Trabaja, em, trabajaba para la Arleigh & Woodson Inc. Fabrican chips informáticos avanzados para vehículos militares entre otras muchas cosas, osea que o son una filial de la Mishima o rivales directos. Ya sabes como es esto Walter.

Simons se pasó la mano por la frente como si intentase borrar algo de ella.

-¡Joder!

-Ya, ahora no sabes si los que lo mataron eran amigos de la Mishima, enemigos o unos pringados cualquiera.

-Sabes que no puedes hablar así delante de los maderos, Ed. Joder, tienes razón. Los hemos rodeado en ese edificio. Recibimos un aviso anónimo de un tiroteo. Cuando llegaron los primeros polis, estos tipos se habían atrincherado en el edificio y el notas ya estaba muerto. Y ahora ¿qué?

-Bueno Walter, quizás si les invitas a unas cervezas bajen a hablar contigo.

-¿Negociadores? No. En el momento que la policía acorazada se plantó aquí esos tipos pasaron a ser virtualmente una entrada en el registro de defunciones. Ya no tengo competencias, Ed. El FBI ya no es nada; las corporaciones mandan y el gobierno central sueña con mantener unido lo poco que les queda del país.

-Mmmm... No es un sitio para nosotros, Walter. Hace veinte años seríamos unos triunfadores. Dos tipos como tú y yo podríamos haber torcido las cosas para que las corporaciones se hecaharan hacia atrás.

Simons me miraba con cara de broma.

-¿Me vas a soltar algo en plan: "un tipo como yo, con un buen par de... agallas y otro como tú que sólo Dios sabe con quién toma cafés", Ed?

-Sí, algo así. Llegamos tarde, el mundo avanza tan rápido que cuando cumples los veinticinco te sientes como si tuvieses cincuenta. Toda esa realidad virtual, inteligencia artificial, la biónica, la genética. ¡Joder! ¡Y mis abuelos se quejaban de la Globalización!

Simons tiró el cigarro al suelo y encendió otro. Estaba nervioso, se le notaba en la cara. Así que decidí seguir dándole palique porque sabía que eso le ayudaba a pensar.

-Supongo que sabes lo de Car-Market-Place, ¿no?

-Sí, una niña de quince años le abrió la cabeza a su padre sin motivo aparente. ¡Tiene cojones!

-¿Sabes por qué? Por la puta biónica. La niña tenía una enfermedad degenerativa del aparato locomotor. Pasó por quirófano en la Schmidt & Williams y le implantaron un chip o "nosequé" mierda en la cabeza que regulaba las funciones de sus músculos y todo eso. Y el otro día en medio de la calle mientras paseaba con papá, se le va la olla y de una hostia le vuela la tapa de los sesos. Walter, le pegó con la fuerza de un gorila adulto ¡un puto gorila!

-Dicen que el cerebro rechazó el chip y que éste tuvo un fallo y disparó la adrenalina de la niña por las nubes. A lo mejor estaba enfadada con el padre y por eso reaccionó pegándole. Yo qué coño sé.

Simons se lo tomaba como si fuese algo normal, casi cotidiano; y casi lo era. Incidentes como ese ocurrían todos los días. Nacían niños con deformaciones aberrantes porque a algún genetista se le olvidaba colocar una "g" enfrente de una "u" en una cadena de ADN. O algún informático pirado terminaba con el cerebro fundido después de no poder desconectarse de Ethernet durante horas porque se le había estropeado el sistema operativo. De vez en cuando el chip de IA de alguna casa se volvía loco y disparaba los sistemas de CO2 contraincendios en una casa con los dueños dentro. Incluso los Hackers que parecían ser los profetas de este siglo decían que la aparición del mortífero A6 había sido obra de un pirata informático que introdujo un virus digital en el chip biomecánico de un "amigo" suyo para vengarse, y que al final el virus, de alguna manera, había logrado afectar a su ARN celular y se reproducía en su versión biológica.

-Ed, tienes que hacerme un favor. Averigua todo lo que puedas de este tío. Habla con su mujer, visita los bajos fondos...

-Claro, sin problema.

-Pero tienes que hacerlo lo antes que puedas. Quiero averiguar si esos tipos son de la Mishima o no ¿entiendes?

-Walter, y si lo son ¿vas a dejarles que se vayan de rositas?

-¿Vas a hacerlo o no?

-Mpff ¿Cuánto tiempo tengo?

-No sé. Seis horas

-Estás loco. No puedo recorrerme toda la ciudad en seis horas y pretender averiguar a qué se dedicaba este tío.

-Mira, es todo lo que puedo retener legalmente a la Policía Acorazada. Después entrarán y los matarán, y si eran tipos de la Mishima el siguiente en la página de sucesos seré yo. "Agente del FBI muere en acto de servicio". ¿Entiendes? Me debes una, Ed. Acuérdate de Emerald Bay.

Ahí tocó mi fibra sensible. Emerald Bay no era un sitio, bueno sí lo era, pero no en el sentido geográfico de la palabra. Emerald Bay era un bloque de pisos al Este de Dodge City. Hacía un par de años yo me había visto implicado en un asalto con rehenes al apartamento de un alto ejecutivo de la Mishima Corp. Estaba registrando su piso en busca de ciertas pruebas cuando llegaron los ecoterroristas del LACP. Después de cargarse toda la vigilancia de la puerta entraron en el apartamento y me tomaron como rehén para volver a salir pensando que yo sería un amigo de Yamamoto. La policía acorazada no tardó en aparecer y todo se complicó. El patio interior de Emerald Bay era un centro comercial y aquel día a las 3 de la mañana pasó a ser un campo de batalla. Simons consiguó entablar negociaciones con los terroristas y consiguió que me soltaran a cambio de un helicóptero. La Policía Aérea terminó derribándolos, pero Simons me salvó el pellejo por partida doble, porque nadie supo nunca que me habían cogido en el apartamento de Yamamoto.

-Sabía que algún día me lo pedirías. Está bien.

Así que me acababa de meter en una carrera loca y desesperada para intentar salvar el pellejo de unos criminales que, por lo que a mi respectaba, se podían ir al infierno. Simons se acercó al cadáver y comenzó a hurgar en su portafolios. Finalmente lo cerró y me lo entregó.

-Registra el cadáver si quieres. Todo lo que lleve puede ser útil. No tenemos tiempo, Ed.

Aunque, claro, también estaba en juego la vida de Walter. ¿Pero yo iba a poner en juego la mía? Es cierto que, probablemente, siguiese vivo gracias a Simons, pero no es menos cierto que meterse en los asuntos de la Mishima era un suicidio en el sentido más literal de la palabra. Esa lección la aprendí después del incidente de Emerald Bay y Walter me salvó. Pero supongo que el destino tiene más memoria que un elefante y la suficiente mala hostia como para gastarte la misma broma dos veces; así que de nuevo tendría que hurgar en los asuntos de la Mishima y algo me revolvía las tripas y me decía que aquella misma noche lo peor aún no había pasado.

Registré el cadáver y encontré algo que me sorprendió. En uno de los bolsillos de la gabardina había una auténtica antiguedad. Un compact disc. Era un disco de Mike Oldfield, un artista del siglo pasado pionero del estilo New Age. El disco se titulaba Omadawn. Dentro había un papel arrugado con un número de cuatro cifras y una dirección del East Side. Consulté mi agenda electrónica y comprobé que se trataba de una tienda de antiguedades en la calle Marlborough, curiosamente una de las más marginales y menos visitadas por la policía de todo Dodge City. Me propuse hacer una pequeña visita clandestina a la tienda, pero primero interrogaría a la viuda en el Distrito Alto.

***********************************

El Distrito alto era una zona de grandes rascacielos de cientos de metros de alto. Algunos incluso estaban por encima de la cota de contaminación de la ciudad. La zona baja de los edificios estaba dedicada exclusivamente a oficinas y a las empresas, pero la alta era una zona comercial y residencial. Sólo los que estaban podridamente ricos como mi cliente podían permitírselo. En efecto no era necesario salir a la calle para hacer la compra o para ir al trabajo. Así los ricos podían evitar los peligros de la ciudad baja. Estos monstruosos edificios albergaban incluso parques en su interior e incluso contaban con un faraónico sistema de autovías que los conectaba entre ellos y cuya desenvocadura en la red viaria de Dodge City estaba ferreamente vigilado por los ejércitos privados de las corporaciones que eran titulares de estos edificios.

Llegué a la base del edificio "Arleigh Paradaise", propiedad de la Arleigh & Woodson donde trabajaba el marido de mi cliente y donde vivía. Todos los empleados de la empresa dormían, trabajaban y hacían su vida en el propio edificio. Por eso a mi cliente le parecía sospechoso que su marido saliese tan amenudo del edificio. No era extraño que las empresas patrocinasen éste modo de vida. Los casos de espionaje industrial eran fácilmente solucionados gracias a este sistema. Un empleado raramente estaba fuera de la vigilancia de sus jefes. Doy gracias a Dios de vivir en un barrio de mala muerte.

Atravesé el enorme portal y pregunté al portero por Amanda Parker. Tras una breve discusión con unos cuantos dólares de por medio accedió a ponerme en comunicación con ella. La viuda me invitó a subir hasta su casa para ponerla al tanto. Yo no le había dicho nada sobre la muerte de su marido y durante la interminable subida en turboascensor tampoco se me ocurrió cómo abordar el tema. De hecho me dí cuenta de que no sabía ni siquiera qué le iba a preguntar...

Mientras subía me acordé de mi hermano. Siempre que subo en turboascensor me acuerdo de él. Es uno de esos recuerdos que van ligados a algo que haces, como cuando hueles un perfume y te acuerdas de la mujer que lo usaba. Con mi hermano y los ascensores pasaba lo mismo. De críos nos quedamos atrapados en uno, durante el gran apagón del 35. Dodge City se había quedado a oscuras en más de 100 km a la redonda. Por aquel entonces habían empezado las guerras entre corporaciones. Nos quedamos encerrados durante cuatro horas hasta que nos sacaron los bomberos, pero no llegué a desarrollar miedo a los ascensores por Michael, mi hermano hizo que me lo tomara como un juego, y ¡caray! el tiempo se me pasó volando.

Esa era la parte buena del recuerdo, pero todo lo relacionado con Michael, aún cuando fuera un buen recuerdo llevaba asociado inconscientemente un sentimiento melancólico. Incómodo y triste. Michael tuvo un final muy malo, muy triste. No murió de cáncer, ni de SIDA, ni de ninguna de las muchas enfermedades que aparecieron en la siguiente década. Mi hermano se pegó un tiro después de acabar con su mujer y sus dos hijas de dos y cuatro años. ¿Por qué? Bueno, la prensa dijo que era un claro caso de stress asociado al trabajo y al divorcio que tenía en curso. Pero yo sé que no es cierto. A mi hermano le pasó lo mismo que a la niña que le voló la cabeza a su padre de una hostia. Sus implantes pudieron con él.

El turboascensor paró y sus puertas se abrieron de par en par dejándome justo frente al piso de la Sra. Parker. Llamé a la puerta mientras los últimos recuerdos de mi hermano volvían al trastero de mi cabeza. La puerta se abrió y la Sra. Parker apareció ante mí. No voy a decir que era como una de esas bellezas en ropa interior que aparecen en algunas películas, pero tampoco diré que era la típica ama de casa recién levantada que dan ganas de abrirse a vómitos nada más verla. Amanda Parker cubría sus intimidades con una elegante bata de seda blanca, que tenía poco de "erótico" pero mucho de sugerente. Lo único que podía estropear el conjunto eran sus pelos y su cara de acabar de levantarse que (dicho sea de paso) no me hubiese importado ver en mejores circunstancias.

-¿Ed? ¿Qué pasa? ¿Sabe algo de mi marido? Estoy algo preocupada ya es tarde y- hizo ademán de que pasara-...

Preocupada. Ya. Por eso dormías a pierna suelta. Bueno, ese pensamiento consiguió quitarle algo de plomo al asunto. Entré en la casa porque la cosa iba para rato. No sé por qué, en ese momento creí más oportuno sacar la libreta y hacer las anotaciones que creyese oportunas antes de darle la noticia a la viuda, porque luego sería imposible preguntarle nada. ¿Qué os creíais? ¿Que esto es como en la tele? "Señora, su marido ha muerto horriblemente, pero ahora debemos hacerle unas preguntas, así que concéntrese". "¡Oh, sí! Pregunte usted, estoy concentradísima." Una mierda.

-Su marido no la engaña, pero sospecho que pasa información a otra compañía.

La reacción de la viuda fue de alivio ante la primera frase y de sorpresa mayúscula ante la segunda.

-¿Qué? No puede... Mi padre le dió este trabajo ¿por qué iba él a...? ¿Habla usted en serio, Ed?

¡Joder que si hablaba en serio! Así que papi le dio el trabajo porque era tu maridito. Tomo nota. Vale, ahora hay que saber si están con la Mishima o contra.

-Señora Parker, esto es importante. Su compañía ¿qué tipo de relación tiene con la Mishima Corp?

Amanda pasaba de la sorpresa a la incredulidad.

-¿Qué? Pues buena, no veo por qué dos compañías han de llevarse mal y menos con la Mishima, usted ya sabe...

Y ahora el "toque del Chef":

-Señora Parker, no se ande con rodeos. Su marido se reunió con unos tipos esta noche para pasarles algún tipo de información -hice una pausa porque esto iba a ser duro- y esa información le ha costado la vida a su marido.

Supongo que ahora me odiais, pero esto es así. Tienes que medir cada palabra. No la puedes decir en plan "Hostia ahora que me acuerdo: el otro día me tiré a tu esposa, Jeff. Joder tío, qué marrón ¿Me perdonas?". Porque lo más probable es que todo se vaya a la mierda, que alguien te calce una hostia, o peor aún, que batas el record del condado de número de balas halladas en un cadáver. Hay que saber buscar las palabras y el momento para decirlas. Te lo hubiese dicho Freud y te lo hubiese dicho cualquier actor de teatro. En estos casos, "el orden de los factores sí altera el producto".

Amanda se echó a llorar. Se cayó de culo en su bello sofá de cuero blanco ( o de imitación, aunque sospecho que era auténtico), en lugar de intentar estrangularme o intentar que la consolase. Ninguna de las dos opciones me apetecía en aquel momento, la verdad. Así que aproveché para seguir intentando hacer un esquema mental de lo que diría, deduciría o haría después.

Ella sabía que su marido estaba muerto, pero también le había picado la curiosidad. Le dije primero que su marido era un traidor para que no me llamase mentiroso a la cara, porque si se lo dijese ahora ella estaría demasiado apenada por el pobre Jason para creérselo. En cualquier caso siempre podía no creérselo, pero así había un 50% de posibilidades de que colase, más o menos.

-¡No puede ser! ¡Miente!

Mierda, todo al carajo. Bueno, a veces pasa y hay que pensar otra cosa. Sólo que ahora cualquiera le sacaba nada.

-¿Quién fue? ¿Quién lo mató?

A veces la gente te sorprende con estas cosas. Se niegan a creer algo, pero en el fondo de su alma hay algo que les dice que es verdad. Como una vocecilla cabrona que les dijese "¡Coño, Amanda! ¡Por Dios! Que no es el día de los inocentes. ¿Por qué te iba a mentir un tío al que le pagas una pasta para que te tenga informada?" Y entonces espabilan y vuelven a donde deberían estar según tus cálculos.

-Pues no lo sabemos muy bien. Por eso quiero saber no sólo la relación que tenía su marido y su empresa con la Mishima, sino también con otras corporaciones, individuos u organizaciones.

Ella seguía llorando. Parecía que no me hiciese caso ninguno, así que decidí dejar que se desahogase agusto. En estos casos es inútil insistir.
Firmado por scythe desde donde no mora la luz La Oscuridad, El Frío, La Muerte, no son cosas en sí, si no la ausencia de otras. ¿Por qué temerlas ?
user_google.jpg
Hablando Conmigo Mismo...: Beowulf.
Experiencia: Cliath (+18 puntos de 1351 mensajes enviados)
Propulsado por Estudio Hécate s.l. 1998, 2008 © Templo de Hécate. Juegos y videojuegos de rol y estrategia
Condiciones de uso | Asociados | Contacto | Estadísticas