|
80.34.x.x
Invitado El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 23-jun-2006, 22:50 h. (0) CitarLa anciana miraba en mi mano mientras me llevaba a la boca mi última pieza, sus labios eran dulces y sensuales.
-¿Qué sucede vieja arrugada, no ves nada más que lejanas tierras y antiguas glorias? Estoy arto de que hurgues en mi pasado, ¿acaso no eres capaz de ver nada más con ese ojo que te queda?- La anciana levantó la vista sobre el fornido cuerpo del guerrero buscando su rostro entre las caricias de la doncella y los oscuros caracoles de su pelo. -La vida es como una senda que se debe de recorrer con atención para no olvidar los errores del pasado y no volver a tropezar con las mismas piedras en el futuro. Tu línea de la vida esta llena de cicatrices y me cuesta distinguir los detalles de tu destino, pero si tienes paciencia...- Me levanté bruscamente, arto de las palabrerías de la adivina, agarrando con firmeza por la cintura a mi presa, para disfrutar de ella en la intimidad de mi alcoba, a pesar de que la bruja siguiera hablando a mis espaldas. -Si subes con esa mujer, la gloria durara solo un instante- La ebria sonrisa de la muchacha me hizo enarcar una ceja. Esa insignificante charlatana había herido mi hombría. -¡Si tuvieras un siglo menos de edad, también te daría a ti tu merecido, anciana!- Las carcajadas de mi acompañante me hicieron recuperar la confianza, pero el rostro de la anciana se mantuvo imperturbable. -Si te vas con ella nunca alcanzaras la meta que te habías marcado- Nuestros ojos se cruzaron. No me di cuenta de cuando la deje escapar, pero la presa se me escurrió de las manos, ¿o fui yo quien dejó que se fuera?. Era como si se hubiera desvanecido; como una retorcida tentación. Furioso y confundido agarre mis pertenencias y sin mediar palabra preferí marcharme que ajustar cuentas con aquella bruja. -¿Donde vas?, no me has pagado- -¡Ya me has hecho perder mucho tiempo, así que considera eso suficiente contribución!- -¡¿Pero algo tendré que comer?!- -¡Tampoco yo he saciado mi apetito!- Parado en el umbral de la puerta me eché la mano a mi saquito de monedas y arroje un puñado de calderilla por encima del hombro. En cuanto las monedas tocaron el suelo me fui. Pero nadie las recogió. Odio cuando pasan estas cosas. Soy capaz de distinguir cuando algo es justo o no, pero a veces, cuando el placer y el deber se ocultan tras disfraces tan elaborados; llenos de señales veladas, uno no se da cuenta de que a los dioses les gusta ponernos a prueba. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 24-jun-2006, 06:30 h. (0) CitarEl alba no tarda en llegar, pronto el sol comenzara a despuntar en el horizonte. A mi lado va una caravana que lleva sus mercancías hacia el este. Allá donde nunca se hace de noche y el sol siempre esta en el firmamento. La riqueza de sus ciudades solo es comparable a la de la capital. Pero tal es el valor de las mercancías que surcan esta senda, que los bandidos abundan hasta el otro extremo del mundo. Por ello en estos tiempos, hacen falta mercenarios que estén dispuestos a jugarse la vida, eso si, con la posibilidad de hacerse con una buena fortuna si llegan vivos hasta el próximo destino.
La caravana es discreta, el número de mercenarios no es muy alto. Estamos en la otra punta del mundo en el extremo oeste, pero según vallamos acercándonos al otro extremo, el tamaño de la caravana irá creciendo. Miro la palma de mi mano. -Es muy grande. ¡No me extraña que esa vieja no pudiera leerla!. Es inconmensurable-Las líneas de la palma de mi mano son muy largas, tanto que se pierden en el grosor de mi muñeca como si fueran a dar la vuelta para continuar por el dorso de mi mano. De pronto algo me saca de mi ensimismamiento; un olor amargo que me resulta familiar. Es el olor de las cenizas y la madera todavía incandescente. Advierto al líder de la caravana sobre la posibilidad de que mas adelante otra caravana haya sido victima de los bandidos. No tardamos en vislumbrar las primeras nubes de humo, no parecen muy espesas, pero para evitar que se trate de algún tipo de emboscada me adelanto para examinar el camino. El rastro todavía esta fresco y es profundo. No hace mucho que pasaron por aquí y no era una caravana muy numerosa incluso si no fuera por las huellas de dos carruajes, uno de ellos de gran peso, pensaría que se trata de una simple cuadrilla, pero la mercancía que deben llevar resulta extremadamente pesada. Cuanto mas cerca estoy, mas acelero el paso. Puedo imaginarme lo que está pasando tras aquella colina, el olor del humo empieza a mezclarse con el de la sangre. Para un sentido poco acostumbrado a estos aromas, algo así pasa desapercibido, hasta que lo tienes encima. ¿Por qué no puedo dar la vuelta?, ¿por qué no los abandono a su suerte?. Evidentemente eso no sería justo. La contienda acaba de empezar, ya que todavía ninguno de los viandantes, que están por delante de mi caravana, se ha dado cuenta de lo que sucede… ninguno, menos aquella figura que se asoma al cruce de caminos. También se ha dado cuenta de lo que esta pasando. Al llegar a su altura la miro de refilón sin dejar de correr. No consigo ver ni un solo rasgo bajo esa profunda capucha y la larga caída de una capa carmesí que la cubría por completo, solo una diminuta y pálida barbilla asoma en la oscuridad. Al ver que su mirada permanece fija en la dirección del humo me detengo para advertirla del peligro. No se por que lo he hecho. No me contesta. Pero seguro que me ha visto. Alto y fornido como muchos hombres en estos tiempos, pero más joven y más ingenuo que la mayoría, arrogante pero atrevido y lleno de energía, mi cuerpo se hincha orgulloso con cada bocanada de aire que tomo, excitado, antes de la inminente batalla. Soy un guerrero. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 25-jun-2006, 22:51 h. (0) CitarLa misteriosa figura no tardó en reaccionar, como una corriente de aire, desapareció de mi vista a una velocidad sorprendente, tras su paso dejo entreoír el tintineo de sus aceros ocultos bajo el muro carmesí que lleva por capa. ¿Quién será este enigmático personaje?.
No hizo falta acelerar el paso mucho más para alcanzar al instante el lugar de la batalla. La columna de humo había alterado el ritmo del sendero. Los peregrinos y las pequeñas caravanas se paraban a una distancia prudente, a los dos lados, aunque allí ya no había nada que ver. Las últimas lenguas de fuego saltan entre las cenizas de lo que debió ser una carroza; no queda nada, todo había sido pasto de las llamas, pero no hay cadáveres y esa peste a sangre se ha hecho tan fuerte que hace que me lloren los ojos, impidiéndome rastrear las huellas de los posibles asaltante. Intento salir del rezumar de humo que, todavía espeso, sale de los restos incandescentes, del incendio. Al llegar al otro extremo, entre la multitud que se había aglomerado en torno al otro lado del camino, puedo ver un carromato de gran tamaño escoltado por cuatro figuras que se alejan. Eran los únicos transeúntes que no se habían parado para averiguar que ha pasado; habiendo tenido que estar cerca de lo sucedido en el momento que ocurrió. Acelero el paso alzando la voz para llamar su atención, pero mis gritos quedan atrapados entre el murmullo de la multitud. Intento atravesar la mara, para dar alcance cuanto antes al carromato, cuando de pronto, tengo la extraña sensación de que esto no va a ser tan fácil. Siento los ojos del depredador a mi alrededor. ¿Sabes a lo que me refiero?, cuando eres consciente de que te has metido en la boca del lobo. No puedo verle, pero se que de un momento a otro, uno de esos desgraciados que está a mi lado intentará darme un golpe mortal, el cual no se hace esperar; pero no es uno, si no un nido de avispas entero por todo mi cuerpo que me aguijonean sin piedad. La sangre salpica a la multitud, que aterrorizada, se aparta de mí entre gritos y caras de asombro. Los puñales resbalan del interior mis heridas, retirándose entre el claroscuro de la multitud, derramando la sangre por el suelo. Puede que las ultimas fuerzas que me quedaban fueran para dar un alarido furioso y frustrante, mientras buscaba una respuesta entre toda esa gente. El agua de mis ojos se disipa de golpe y logro desvelar una última mirada a lo lejos, en el carromato que se aleja; unos ojos oscuros que serenan mis emociones y me resignan a morir. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 27-jun-2006, 05:28 h. (0) CitarSolo era un niño, solo un andrajoso sin familia metido en un barco que llevaba varios días en alta mar.
Las puertas del barracón se abrieron de golpe, un hombre de aspecto repugnante me agarró por el cuello con tanta fuerza que no pude evitar que se me revolvieran las tripas y vomitara algo que no había comido. Era el mayor de todos ellos; niños sin hogar ni familia. ¿Quien nos iba a echar de menos?. Los grilletes que me amarraban al remo me quedaban grandes pero eran lo suficientemente estrechos como para que no me pudiera soltar, aunque ¿donde iba a ir?, estaba atrapado en alta mar. A mi lado había un hombre de mediana edad de corta estatura pero de fuerte constitución, que sin quitar la vista del frente y ensortijado al extremo exterior del remo; hacía el trabajo mas duro, me dirigía la palabra sin parar de remar, contándome historias de lejanas tierras que podía oír y oler entre las grietas de la madera al amarrar en el puerto. Llevaba tanto tiempo allí que no recordaba su nombre, le llamaban Escoria. Mientras, una sombra carmesí nos observa tras el ritmo del tambor. Los grilletes me apretaban, marcándome las muñecas con fuerza como si de cuchillas afiladas se trataran. Nueva escoria sufría los abusos del esclavista, mi compañero ya no estaba aquí, lo echaron al mar por hablar conmigo y a mí, como castigo, me dejaron llevar este remo solo desde el extremo exterior, enganchado a las sortijas de castigo que antes amarraban a Escoria a este mástil. Al principio, la resistencia del remo era tan fuerte, que en ocasiones, las corrientes lo devolvían contra mí golpeándome el cuerpo y llenándome de moratones el pecho y la cara, aunque con el tiempo su peso se fue haciendo mas ligero hasta poder seguir el ritmo del tambor. El resto de marcas que surcaban mi cuerpo eran obra del maldito esclavista. -¡Juro que algún día… algún día… me cobraré cada uno de los latigazos que he recibido- Y entre risas y golpes, el castigador, no dudaba en excederse asta la extenuación. Una mano desconocida, me tiende un cuenco de agua para que me recupere y siga remando. -¿Quién… quien eres?- Entonces me desvanezco. El capitán consideraba que con el brazo tan deteriorado no podría seguir remando y que no pretendía mantener a ningún zángano en La Colmena. Mi cuerpo estaba en la pasarela, siendo azuzado por el filo de una espada en manos del esclavista, que solo pretendía abrir pequeños surcos en mi cuerpo para que la sangre atrajese a los depredadores. Recuerdo que era un día de tormenta. Pronto estaría encima de nosotros, pero el maldito castigador no dudaba en prolongar mi calvario al borde del precipicio. De pronto una ola sacudió el barco desequilibrando el casco y haciendo crujir la madera. Aproveché la oportunidad para darme la vuelta, agarrar al esclavista por el cuello retorciendo las sogas de mis muñecas alrededor de su garganta, con la mala suerte de que la siguiente ola alcanzara la cubierta de lleno y nos arrastrara a los dos fuera del barco. El impacto contra el agua nos hizo retorcernos, las cuerdas se tensaron como un torniquete contra el cuello del castigador, haciendo que este emitiera una mueca fatal cuando su garganta se doblo, como un palillo entre mis manos. Su peso me arrastraba hacia el fondo mientras podía ver como el rastro de las olas en la superficie, azuzaban La Colmena de un lado para otro, restándole peso que se sumergía a mi alrededor y yo con él. ¿Como conseguí salir de allí?, ¿como?, no lo recuerdo. -Con este puñal- Una figura fantasmagórica, suspendida en esta pesadilla, me extiende un puñal, el puñal que se encontraba en la guarda del castigado. Con furia; era el momento de mi venganza, corté el cuello retorcido entre las cuerdas para agarrarme con ellas a un listón que estaba subiendo. Retorcí la cuerda entre los salientes para evitar el dolor de mi brazo lesionado. Al llegar a arriba, pensé que habría sido mejor morir allí abajo; al poco rato de asomar la cabeza por encima de la superficie y tomar la primera bocanada de aire, un fuerte golpe de agua me arrastró hacia un remolino que gira… gira… gira sin parar… Cuando abro los ojos siento una calida mano sobre mi cabeza, es suave y delicada. Al alzar la mirada sin lograr incorporarme, la figura encapuchada está ahí, hierática. Siento que su mano escudriña en mi mete, reconozco su figura en mi pesadilla. Las fortunas no han querido que me fuera. El fuego de un campamento improvisado ilumina el camino, mientras un perro negro de gran tamaño me vigila al otro lado de la hoguera. El encapuchado carmesí se levanta y se dirige a buscar algo en una bolsa algo chamuscada. -Mi padre me dijo que no me fiara nunca de los magos. Sus artes traen la desgracia allá por donde pasan- Mi misterioso acompañante arroja algo al fuego. Una fuerte llamarada se alza en la noche. Lanza una flor sobre mi pecho encorsetado entre vendajes y emplastos que irritan mis heridas. -¡¿Se supone que tengo que saber que es esto?!- -Amaranto- susurra bajo su capucha. –Estaba entre las cenizas de la carroza- No tengo ni idea de lo que está hablando. Busco de refilón con los ojos entreabiertos el rostro del misterio. Puedo sentir tu mirada desde tu escondite (frase dirigida al lector). -Tengo hambre. ¿Nos comemos a tu perro?- El encapuchado emite una fuerte carcajada que yo secundo. Estoy hambriento pero no tanto. NOTA: El Amaranto es un tipo de flor carmesí de aspecto orquídeo de las tierras del este que permite una combustión muy rápida debido a sustancias en sus pétalos, que al chamuscarse produjeran un aroma a sangre quemada. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 28-jun-2006, 03:37 h. (0) CitarEl encapuchado resulto ser todo un erudito además de un curandero prodigioso. Podía sentir como aquellos emplastos me estaban haciendo efecto; remitiendo los profundos dolores que recorrían todo mi torso en cuestión de horas.
Su voz era amable y aterciopelada, propia de los eruditos de la capital, pero sin resultar tan pedante como esos estirados que solo beben vino y reservan sus conocimientos para aquellos que puedan entender sus galimatías. Sus susurros se entremezclaban entre los chasquidos de las lenguas de fuego, impidiéndome reconocer el género del misterio, pero sin duda venía de tierras lejana. Su acento era extraño, nunca lo había oído por aquí. Era como el sonido de una lluvia de estrellas en el que las palabras se entrelazaban en un silbido que se precipita entre las llamas de la hoguera. -¿Cómo te llamas?- me preguntó. -Mi nombre es Karol, vengo de las tierras altas en busca de fortuna, pero por culpa de esos malditos forajidos he perdido mi contrato con la caravana a la que escoltaba hasta la próxima ciudad y ahora tendré que volver al puerto de Blancarena a esperar a que salga la próxima caravana, lo que puede tardar varios días en suceder, y no es que me sobren los ahorros…- Tengo que confesar que en ese momento me sentí algo estúpido. ¿Qué le podía importar a aquel desconocido mi situación?. Había que reconocer que ya había echo bastante al dedicar todo este tiempo a curarme y cuidar de mí; pero como una caja de sorpresas, no tardaría en volver a sorprenderme. -Ya veo… así que eres una espada de alquiler; pero por lo que he visto, no puedes evitar que unos vulgares malhechores te ensarten en sus puñales- -¡Estaban ocultos entre la multitud!. ¡¿Cómo quieres que los viera venir?!- -¿A caso, con tu experiencia como guerrero, no te diste cuenta de lo que estaba pasando?- -¡Claro que si, pero estaba rodeado de toda esa gentuza!. ¡Pensé en quitármelos de encima a golpes de mandoble!; ¡seguro que de ese modo no me habrían pillado por sorpresa… pero… eso no habría sido justo- El misterio carmesí me observaba en silencio desde la oscuridad de la cueva de su capucha. Ninguno de los dos dijimos nada más al respecto, hasta que el maldito sabelotodo volvió a meter el dedo en la llaga. -No creo que seas un caza fortunas. Un hombre que arriesga su trabajo por ayudar a gente desconocida he incluso es capaz de anteponer la vida de los demás a riesgo de perder la suya propia, es un héroe o un idiota, y tú aun estás demasiado verde para ser ninguna de las dos cosas- He de reconocer que la retórica del erudito superaba por completo mi capacidad para sentirme ofendido, no sabía si enfadarme o darle las gracias. -¡Debes que saber que en las tierras altas, los hombres curten su piel en batallas, contra los sucios imperiales que vienen a nuestras tierras exigiendo honorarios que no les corresponden y que las disputas por el territorio han durado siglos!. ¡Cuando yo nací los niños de la aldea en la que vivía, aprendíamos a manejar la espada desde el momento en que nos teníamos en pie!. ¡Y la bravura de un norteño nunca se ha tomado a la ligera!- -Entiendo, y seguro que los recién nacidos salen de entre las entrañas de su madres a puñetazos- -¡Por supuesto!- Una fuerte carcajada nos embargó a los dos. -Hay que reconocer que cuentas buenas historias Karol, pero eso no te dará de comer, ni llenará tus bolsillos. Si quieres demostrarme tu habilidad como guerrero, más vale que empieces por hacer algo más que cargar con ese espadón tan extravagante, de un lado a otro, como si fueras una miserable mula de carga- Al decir extravagante se refiere al mandoble de eje giratorio en la hoja, un diseño personalizado que yo mismo forjé durante el tiempo que estuve trabajando en las fraguas de la capital, fabricando armas para aquellos estúpidos soldados imperiales, que no saben manejar ni una espada en condiciones. Debido a la última guerra entre el imperio y las fuerzas de las hordas del sur; la fabricación de armamento superó con creces la productividad de las forjas del emperador, así que todas las herrerías tuvieron que dejar todos sus encargos y ponerse al servicio del imperio. Recibimos grandes cantidades del mejor acero de las minas del Barranco. Trabajamos durante meses forjando espadas armaduras y todo tipo de repuesto. La guerra no tardo en terminar tras la batalla del yermo, en la que los dos ejércitos vieron como sus tropas caían, sepultando el terreno bajo sus cadáveres e impidiendo que el suelo de la llanura drenara la lluvia, que terminaría por empantanarse permanentemente. Ante la visión de las perdidas, los señores de la guerra decidieron dar por terminada la contienda y dio comienzo el proceso de paz en el que no ha dejado de haber todo tipo de despropósitos por parte de escaramuzas menores, que no han hecho nada mas que empañar las aparentes buenas intenciones de las dos partes, hasta el momento. El caso fue que, tras la guerra, conseguí hacerme con bastante acero que sobro del ultimo de los encargos, con el que fabriqué este arma, basándome en mi experiencia como remero, imaginando el modo de hacer que el espadón pudiera girar sobre si misma desde un eje en la parte baja de la hoja, para que ganara mayor movilidad y fuera más fácil volver a ponerla en guardia, además aprovecho el peso y su tamaño para golpear a varios oponentes y aplastar a los contrincantes. Entre otras utilidades, puedo parapetarme tras el ancho de la hoja para conseguir una cobertura parcial contra los disparos a distancia. Realmente, una maravilla que nace de la imaginería de un guerrero; algo que parece escapar al conocimiento del encapuchado. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 01-jul-2006, 16:24 h. (0) Citar-¡¿Qué estas insinuando?!. ¡¿Acaso quieres probar la destreza con la que puedo llegar a hacer bailar a Salomé?!-
Me incorporé con esfuerzo para amarrar el mandoble por la cintura, mientras el misterio, imperturbable, no dudó en seguir burlándose de mí. -Tranquilo, no me refiero a eso. Nunca he arriesgado mi vida contra un desconocido, al no ser que me encontrara en peligro de muerte, y siempre después de que me hubiera atacado. Nunca me he visto obligado a iniciar una pelea. Pero no tengo ningún problema en terminarlas- Los dos permanecimos en silencio, el fuego brillaba entre nosotros aumentando la temperatura de nuestras miradas. Puede que no vea tus ojos pero se que me estas mirando a la cara, se que no eres ningún cobarde (frase dirigida al lector). -Bien ya veo que te sobra valor. Tengo algo que proponerte. En estos momentos me encuentro de peregrinaje. Aun me queda mucho para alcanzar mi destino. ¿Qué te parecería si te propusiera un contrato de guardaespaldas y me acompañases hasta el otro extremo del continente?- Dagón giro la cabeza hacia su amo y emitió un gemido a modo de incógnita. -Puede que de ese modo aprendas algo más que dar gritos y me demuestres que, verdaderamente, eres el gran guerrero que dices ser. En tu situación, dudo que tengas algo mejor que hacer; y de este modo podrías recompensarme por salvarte la vida- -¡Me salvaste la vida porque te dio la gana, así que, no te debo nada!- Viendo que ya podía mantenerme en pie, el encapuchado asintió con la cabeza y empezó a recoger sus cosas para marcharse. -¿Cuáles serían mis honorarios?- -Ahora mismo no llevo encima el dinero suficiente y ya que, por lo que tengo entendido, las caravanas no pagan a sus guardias hasta llegar a su destino, no te pagaría hasta llegar al otro extremo- -¿Estas de broma?. ¡¿Acaso crees que estoy loco?!. ¡Nunca nadie ha ido de una punta a la otra del continente!. ¡Normalmente, los contratos van de ciudad en ciudad y las tarifas cambian según el peligro del trayecto y la mercancía que se trasporte!. Si quieres que te haga de guardaespaldas desde este extremo del mundo hasta el otro, tendrá que pagarme al llegar a cada ciudad la tarifa correspondiente a la ruta que hayamos recorrido y un extra al llegar al otro extremo- -¿Y eso cuanto es?- -¡No lo se!. ¡¿Acaso crees que es normal que alguien en tu situación contrate un guardaespaldas personal para atravesar el continente?!. Lo normal es que los peregrinos se unan a caravanas a un módico precio. Por supuesto, debes saber que un servicio personalizado no será barato. Ya decidiremos en la próxima ciudad los honorarios de cada uno de los trayectos- Mientras hablábamos, la mañana empezó a asomar el rostro por el este. Cuando terminamos de levantar el improvisado campamento, nos dispusimos a salir tras darme una friega en un regadío para quitarme de encima el olor a podrido que habían dejado los emplastos tras cumplir su cometido. Las heridas de mi torso, habían cicatrizado sin problema y ya no sentía ninguna molestia. -¡Hay que reconocer que sabes usar las hierbas!. ¡¿De que plantas se tratan?!- -Estas plantas no tienen nombre. Son muy infrecuentes y se ocultan en paramos apartados del bullicio de las civilizaciones. Su precio en el mercado es extremadamente alto; lo que me recuerda que debo advertirte de antemano. Si volvieras a caer herido y me viera obligado a curarte, no recibirás los honorarios que te correspondan por la ruta que hayamos efectuado. No creo que tengas ganas de reunirte con tus ancestros y espero que no te aproveches de mi generosidad si volviera a salvarte la vida de nuevo- -Tranquilo no volverá a suceder. A partir de este momento solo me dedicare a acaudalar tu dinero al final de cada jornada- -Con tu juventud, dudo que puedas cumplir ninguna de esas promesas. Por cierto, ¿Cuáles serán tus honorarios en este trayecto?- -Por esta vez haré una excepción, debido a que nos encontramos a media jornada del trayecto y he de reconocer que no se hacer cuentas sin un ábaco- -Además, no sería justo- NOTA: Dagón es el nombre del perro-lobo que acompaña al misterioso encapuchado. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 04-jul-2006, 01:42 h. (0) CitarAl medio día ya habíamos alcanzado las plantaciones de la ciudad jardín de Giraflor, la primera parada desde los acantilados del puerto de Blancarena. Esta ciudad es famosa por la variedad de plantas que se cultivan en esta zona, al aire libre y en invernaderos. La mayor exportación de flores y plantas para todo tipo de usos del comercio del oeste. Los jardines de las haciendas de los nobles de la capital están decorados con los colores de Giraflor. Los huertos de la ciudad son propiedad del imperio, pero muchos mercaderes independientes y extranjeros, comercian con semillas de extrañas plantas de origen desconocido llegando a pagarse verdaderas fortunas por unas cuantas pepitas. Cualquiera que piense que es fácil timar a los mercaderes de semillas, no tardara en darse cuenta de que estos jardineros, conocen a la perfección todos los tipos de semillas y pocos se arriesgan a creer en la palabra de cualquier gandul que se dedique a comerciar con mercancía que no logren reconocer, sobretodo a los ojos de mercaderes como Picodeoro, uno de los comerciantes y estafadores mas enriquecidos por este tipo de comercio. Los habitantes de Giraflor sospechan que en estos momentos, esta trabajando en la creación de una nueva semilla que dará como resultado, la flor más hermosa del mundo, a la que los corrillos de especuladores ya han bautizado como La Belladona.
Las caravanas se aglomeran al llegar a las puertas de la muralla exterior de la ciudad jardín. Parece ser que están registrándolas en busca de algo, incluso paran a los peregrinos. El encapuchado acaricia la cabeza de su compañero y este sale corriendo en dirección a la campiña. -No le gustan las ciudades. Estoy seguro de que no dudaría de entrar conmigo incluso a la boca del infierno, pero no quiero verle asustado. El ajetreo y las miradas de la multitud le vuelven muy agresivo y no quiero que se meta en problemas que yo mismo puedo solucionar; además, ahora tú estas conmigo, espero que no tenga que pedirte que te vallas al bosque con Dagón porque no saber estar en una gran urbe sin meterte en problemas- Antes de poder darle una replica por su sarcástico comentario, tenemos a los guardias encima, exigiéndonos que les digamos nuestros nombres, especifiquemos el motivo de nuestra visita a la ciudad, si nos vamos a quedar más de un día y que les mostremos todo lo que llevemos encima. Nada de esto me resultaría extraño de no ser por la forma en las que nos hacen las preguntas y la manera de observarnos, como si fuéramos culpables de algún delito. Los soldados no dudan en examinar nuestras pertenencias, incluso el saco de Amaranto que el encapuchado había encontrado tras el misterioso incidente del carro en llamas. Los guardias empiezan a preguntar sobre el contenido del saco chamuscado mandando al encapuchado que se descubra el rostro de inmediato. Recogiendo nuestros bultos del suelo, espero impaciente el momento de descubrir el misterio. -Esas flores son de mi propiedad yo mismo las he cultivado en mi granja. Vengo desde muy lejos y les rogaría que no las estropearan, son muy sensibles. Pensaba venderlas a buen precio en el mercado- La capucha se retira con las dos manos. La incógnita es desvelada. |
|
El camino hacia la gloria. (Relato)Enviado el 10-jul-2006, 21:46 h. (0) CitarUn ruido llama la atención de la guardia, uno de los propietarios de una caravana situada enfrente nuestra, se enfrenta a los soldados, la pelea se produce sin que podamos ponerle remedio, parece ser que la guardia a encontrado lo que buscaba o por lo menos algo lo suficientemente sospechoso, nadie en su sano juicio, montaría tal expolio si no tuviera nada que ocultar… ¿nadie?.
-¡Malditos rufianes!, ¡¿creéis que podes acosarme a preguntas y tirar por el suelo mis mercancías sin que os plante cara?!. ¡Vuestra posición no os permite que abuséis de nosotros de esta manera!- Cuando quise darme cuenta, los soldados que nos habían detenido, se dirigían a rodear la caravana de ese viejo chiflado. La identidad del encapuchado siguió sin ser descubierta. Una mueca de frustración recorrió mi cara. -¿Te pasa algo?, ¿conoces a ese hombre que planta cara a la guardia con tanto coraje y sin pelos en la lengua?- Me erguí firmemente hasta sobresalir entre la multitud de curiosos para controlar la situación, conociéndolo, sabia que no tardarían en convertir esta situación en algo peliagudo. -Haríamos bien en marcharnos de aquí antes de que se compliquen más las cosas- -¿Acaso conoces al propietario de esa caravana?- -Querrás decir tunante, incluso puedes atreverte a llamarle contrabandista. No es un hombre digno de confianza, solo se dedica a aprovecharse de la ignorancia de la gente, robando pequeñas caravanas y vendiendo sus mercancías a las personas a las que iban destinadas, verdaderamente estúpido- -A mi me parece original. En realidad no me parece una mala persona, ni mucho menos me atrevería a acusarle de ser un contrabandista. Me parece que hace lo que puede para sobrevivir- -No te equivoques, ese tipo es un tunante capaz de convertir cualquier situación en una escena de riesgo- -Entonces lo conoces- -¡No!- No hacía falta ser muy listo para saber que si que lo conocía. El encapuchado echó un ojo por encima del corrillo. -¿No piensas hacer nada?- -¡Ya te he dicho que no!- Acelero el paso cargando como puedo con nuestras pertenencias llevando mi espadón debajo del brazo mientras arrastro el filo por el suelo sin mirar atrás esperando que el misterio carmesí me siga. Una avanzadilla de la guardia, se aproxima para apoyar a sus compañeros contra la dura resistencia que les planta cara en la caravana de ese sinvergüenza. -¡Karol!- ¡¿Qué?!- Me giro bruscamente para encontrarme de nuevo con la oscuridad de la capucha de mi acompañante con la mala suerte de derribar con el filo de mi espadín a uno grupo numeroso de soldados que pasaban al lado de uno de mis flanco. Aturdidos, se van levantando mientras que se recomponen y desenvainan sus armas hacia mí. Mi rostro es un dilema. ¿Plantarles cara o huir?. Sin llegar a darnos tiempo a reaccionar a la guardia o a mí, el encapuchado, tira de mi brazo para introducirme en la ciudad y evitar dar más explicaciones a los soldados. En un abrir y cerrar de ojos nos sumergimos entre la multitud para alcanzar un callejón donde logramos dar esquinazo a una pequeña célula de soldados. -Dentro de unas horas, aproximadamente dejaran de buscarnos. No hemos hecho nada grabe como para que nos dediquen tanto tiempo- El pecho de encapuchado latía rápidamente tras el esfuerzo. -¡¿Estas loco?!. ¡¿A que ha venido eso?! Sabias que si me giraba aquellos soldados tropezarían conmigo… ¡¿Por qué lo hiciste?!. ¿No sería para ayudar a aquel tunante a escapar ante la situación de despiste?, la verdad nadie podría escapar de aquella encerrona sin toparse de lleno con la guardia… ¿nadie?. |
|
1998, 2008 © Templo de Hécate. Juegos y videojuegos de rol y estrategia