Temblor
Ligero, apenas perceptible.
Dovar estaba acostumbrado a ellos en el Bran desde hacía décadas. El castillo vivía, se movía, se expresaba.
Le había costado mucho tiempo comprender cada ligero movimiento de las paredes del dragón de piedra. Pero ahora era una extensión de él.
Sabía lo que sentía ante cada invitado. Sabía lo que esperaba. Lo que deseaba.
Dudas.
El dragón pétreo podía olerlas a distancia. Retozaba feliz. Disfrutaba del sufrimiento. Pequeñas torturas.
Ya las había probado con al menos dos de los invitados. Un Garou, valiente no obstante, y una Toreador que no debía de dar crédito a la figura sangrienta de su sire que se había encontrado como compañero de baile saliendo de una pared.
Pero ahora gozaba aún más. Los invitados ya estaban en su seno.
Pero no estaban todos.
Pero ellos, en la distancia, podían también notar la vigilancia.
Rugió su ansía de sangre.
Entrada publicada el 07-12-2006 a las 19:39 h.