Cuando uno va viejo.
La edad no tiene que ver con el cuerpo, o eso dicen. Lo mismo un día te sientes físicamente hecho polvo y acabado pero al mismo tiempo un chaval que al día siguiente después de haberte lucido en la cama como jamás lo habías hecho descubres que ya no sabes divertirte por las noches.
Hombre, tampoco es que me pueda quejar; dejando a un lado que probablemente jamás vuelva a leer un libro con mi ojo izquierdo no me va tan mal. Llevo más de un mes sin ir a trabajar, tengo algo con lo que entretenerme en cualquier momento (dibujar, viciar, leer, pasear y viciar si queda algo) y mi vida sexual es mucho mejor que lo que las últimas espectativas auguraban. Incluso no tengo problema en salir con mis amigos (estos "de toda la puta vida" que conoces en el colegio) a tomarnos unas cervezas, hablar de gilipolleces o contarnos nuestras penas como forma de primitivo pero eficaz psicoanálisis. Pero me falta algo.
Tengo ganas de correr, de correr mucho, de correr hasta reventarme el pecho, de gritar, de un buen combate de kárate con tu compi "el que no se contiene", de que el sensei me de un buen mocazo en el pecho de estos que te tumban para ver si espabilas, de coger el Ibiza y sacarle las pegatinas a mi colega el del A4 (lo siento si alguien me toma por un descerebrado a partir de ahora), quiero adrenalina y no la que sientes cuando obtienes placer. Quiero riesgo, velocidad, fuerza, reflejos, patadas fulminantes, puñetazos esquivados y devueltos, las miradas que sólo en un combate se producen.
Pero no puedo, el médico no me deja. Por el bien de mi ojo este mes no debía hacer esfuerzos. Y a decir verdad ha sido un auténtico calvario. Nada de correr, de golpear, de conducir y nada de sexo (aunque en este aspecto no he podido).
Pero lo peor no es eso. No es la adrenalina lo que me falta. Pensé que me faltaba una meta. Pensé que al no poder optar ya a entrar en la escuela de oficiales por lo de mi ojo, una vez más había fracasado en esta vida y que me quedaría toda mi vida de marinero con un sueldo de mierda. Uno más en el mundo, justo lo que no puedo soportar.
Pero tampoco era eso. Me di cuenta hoy, pensando en lo que pasó en Halloween. Mi novia y yo salimos, íbamos por libre en principio, sin planes, a bailar y para ser sinceros, a ver si podíamos pegarnos un buen calentón el uno al otro para rematar bien la noche antes de dormirnos (aunque también sabíamos que yo no debía, pero, hermano, después de más de 3 semanas a ver si tú aguantabas). El caso es que el plan A no funcionó. No nos gustaba el ambiente de ningún local. Por suerte nos encontramos con mis amigos los frikis universitarios (distinguir de los amigos de toda la puta vida) y trabamos conversación mientras los acompañabamos a su lugar de reunión (me emocioné cuando vi a Félix de Pirata Roberts). Pero tampoco me entusiasmó la idea de irme de botellón. Así fue como a la 01:00 acabé en casa con mi novia.
Me he dado cuenta de que ya no me divierte lo que antes sí me divertía, y que muy probablemente sea eso lo que me afecta. No el hecho de no ser ya un cabezaloca, sino el hecho de que me hago mayor, y no sé si quiero.
A decir verdad: por primera vez en muchísimo tiempo estoy realmente preocupado.
P.D: y eso que he recuperado mi aficción por el Epic Metal que pensé que se había extinguido.
Hail Gods of War!!!
Entrada publicada el 09-11-2007 a las 01:12 h.