Atención, spoiler: si no has jugado y vas a jugar al acto 1 de Neverwinter Nights 2, los siguientes fragmentos podrían arruinar la sorpresa.

Alann Sar Tempus: "Sí, soy porteño ¿en qué se nota?"
Todos vivimos en Puerto Oeste, una comunidad granjera no muy lejana a la legendaria ciudad de Noyvern. Los cuatro fuimos acogidos por Daegun, un misterioso elfo que tras la muerte de nuestros padres en la llamada “Guerra del Rey Sombra” se hizo cargo de nuestra educación. Nosotros somos: Siel Faranne, una gentil y hermosa amiga de la madre naturaleza; Delor Te'dwa, un misterioso elfo de la infraoscuridad que apareció entre las ruinas de la gran batalla, muy seguro de sí mismo gracias a su herencia mágica; Alann Sar Tempus, un sacerdote al servicio del dios Tempus que desea seguir los pasos del héroe de Aguas Profundas que luchó contra Mefistófeles; y finalmente la inescrutable Radamanth, una mujer pícara que casi siempre está en la sombra haciendo el trabajo “sucio” del que nadie quiere saber y cuyas intenciones son desconocidas para todos los demás.
Nuestra vida era tranquila y nuestra mayor preocupación era ganar el Trofeo de la Cosecha, hasta que un ejército de siniestros enanos y extraños demonios que se hacen llamar “githyanki” atacaron la ciudad. Muchos amigos murieron en la contienda, pero conseguimos sobrevivir. Daegun, nuestro padrastro y mentor, sin embargo consideró que debíamos irnos del pueblo cuando antes ya que estábamos poniendo en peligro a todo el mundo. Como siempre, se negó a decirnos el porque nos pidió abandonar nuestra casa, pero quizá, nunca lo fue...

Delor Te'dwa: "Lo siento, los Drow no necesitamos humildad ni la conocemos"
Tras recoger un fragmento de plata que Daegun nos pidió recuperar y que “debíamos guardar”, nos dirigimos a Noyvern para descubrir la razón de los ataques. El viaje no fue sencillo, pues los que atacaron la aldea nos siguieron los pasos y nos tendieron diversas emboscadas. Lo peor fue descubrir que los pasos estaban cortados y las patrullas nos impedían llegar hasta Noyvern: nuestra única opción era llegar por mar. Afortunadamente nos encontramos con un enano cabezón y una Tiefling (con los que Delor se hizo muy amigo, a cual más arrogante y cabezota) que también iban a Noyvern y que nos acompañarían hasta allí. Además en una de las emboscadas una Druida del “Círculo del Estero” nos ayudó a sobrevivir al enésimo ataque de nuestros perseguidores. Pero los problemas no se acabaron aquí, pues el mar estaba tomado también por una extraña raza de lagartos, aunque al final Alann consiguió entrevistarse con su caudillo, al que le exigió que cesaran los ataques a cambio de tierras y amnistía para su pueblo, demostrando que a veces unas buenas palabras son más eficaces que la mejor de las espadas, aunque a Radamanth y Delor les costará reconocerlo.
Una vez en Noyvern hablamos con un pariente de Daegun, que regía una posada en los muelles de la ciudad, poseedor de otro fragmento de plata misterioso, que pareció cobrar vida cuando entró en contacto con Siel. Tras un largo debate descubrimos que la única persona que podría ayudarnos para esclarecer el asunto de los githyanki y los fragmentos era un mago llamado Aldanon que vivía en el distrito rico del Lago Negro, recientemente cerrado por orden del Rey Nasher a causa del asesinato en extrañas circunstancias de un importante noble. Sólo podían entrar en el distrito la guardia de la ciudad y los ladrones: tras una agría discusión entre Siel, Alann y Delor y Radamanth, la postura del clérigo y la druida se impusieron y se decidió vestir la capa de la guardia. Así, limpiamos las calles de ladrones, asesinos y demás calaña para conseguirnos el favor de la capitana y descubrimos algunas verdades inquietantes mientras tanto sobre los githyanki. Al final se nos permitió un acceso restringido para ver a Aldanon que nos explicó la relación entre los githyanki y los fragmentos: los fragmentos pertenecían una espada que sólo llevan los campeones githyanki y que posee un poder misterioso y codiciado por muchos. La sola tenencia de los fragmentos por algún no-campeón githyanki es una blasfemia a los ojos de sus dioses demoníacos que debe ser neutralizada y destruida.

Siel Faranne: "¡Por los dioses de los bosques! ¡Estoy atrapada en mi forma animal!"
Aldanon nos explicó que podíamos encontrar a la familia de una persona que le entrego los fragmentos que él tenía, y que quizá podría darle más respuestas de su origen y propósito. Así, fuimos a los archivos de la ciudad para probar suerte en la búsqueda de la línea genealógica. Una vez allí, Delor demostró que se sentía como en casa entre esos polvorientos volúmenes, y supo contestar a todos los enigmas que las protecciones mágicas guardaban de los ávidos de conocimientos. Así supimos que Shandra Jerro, una joven granjera de Risco Alto, el pueblo costero arrasado por los hombres lagarto, era su descendiente.
Sin embargo los githyanki se nos adelantaron e intentaron capturarla. A la carrera, llegamos a su granja y por medio de la espada y la magia acabamos con los diabólicos captores. Prácticamente tirándola de los pelos, Alann y Radamanth consiguieron arrastrar a Shandra hasta Noyvern para descubrir más sobre la espada que buscaban los githyanki. Sin embargo, estos no cesaron en sus intenciones y acabaron atacándonos en la misma posada llevándose a Jerro. Desorientados, un explorador con el que Delor tuvo unas “bonitas palabras de odio” se ofreció a ayudarnos por no sabemos que deuda tenía con el posadero. Pasamos por una aldea en la que se nos anunció que sería destruida y en la que nos atacaron más villanos.
Al final el rastro nos llevó a una caverna llena de demonios y cosas peores; por medio de la magia, la espada y mucho valor nos abrimos paso por todos ellos hasta llegar a dónde tenían a Shandra. Allí, un monstruo ultradimensional con voz femenina nos intimidó, especialmente a Siel, con sus inmensos poderes y casi no lo contamos, pero en cuando destruimos su esfera de protección, las cosas empezaron a mejorar. Aun así nos reveló que Siel poseía un fragmento de plata en una herida de su pecho, igual a los que fuimos recogiendo, y que, según cuenta, fue lo que mato a su familia en el pasado. Tras ello, volvimos a la posada a curar nuestras heridas y planear nuestros siguientes pasos.
Entrada publicada el 14-04-2007 a las 19:59 h.