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Desatinos victimistas

Experiencias rescatadas de una mente dolorida en un proceso evolutivo dual y divergente. En cristiano: se trata de una colección de episodios que podrían sucederle a un vampiro recién creado.

Acerca de Dani

Seudónimo: Dani
Sexo: Hombre
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Mi artefacto favorito es la jabalina de 800 gramos.

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  • Jugando a ser vampiro.

    No había sido fácil en absoluto. Primero fue a un callejón donde nadie sensato se metería, en la trasera de un restaurante. Aunque estaba a un par de manzanas de su casa, había procurado no llegar a estar tan cerca de nadie como para que se pudiera alarmar por su apariencia o dar pie a que ocurriera aquello que más temía, y eso le llevó su tiempo. Desde la calle sólo se veía la zona iluminada por el ventanuco de la cocina. En aquellas sombras podría ocultarse cualquier cosa.

    Tardó un rato en atreverse a dar un solo paso, y sólo lo hizo cuando estuvo seguro de que no había gente allí. El ruido de algo moviéndose entre las basuras provocó una sensación extraña, instintiva, la excitación de la caza, sólo que ahora no tenía un corazón bombeando como loco por efecto de la adrenalina. Era diferente. Percibirlo resultó ser estimulante, pero también una distracción.

    Procurando ser sigiloso se adentró en las sombras, esperando un nuevo sonido que guiara su mirada. La oscuridad no era tanta si el haz de luz no alcanzaba sus ojos. Una rata correteaba entre unas cajas de fruta, olisqueando los restos aquí y allí. Hubiera preferido que se tratara de un gato, se le hacía menos repugnante. También es verdad que no se creía capaz de atrapar uno, y siempre le habían dado algo de respeto. Pero ahora tenía hambre.

    Primero iba con cuidado, intentando cogerla por detrás, pero ella se revolvía y le plantaba cara. Entonces él se detenía, temiendo recibir un mordisco, y volvían a empezar, cada vez más ansiosos. Consiguió llevarla a suelo descubierto. De repente el roedor salió disparado hacia la calle. Sin pensarlo ni un segundo se lanzó en plancha para atraparlo. Apenas la tuvo en sus manos, la rata le mordió furiosa y desesperada. La sorpresa, el susto y el dolor desencadenaron un reflejo que seguía funcionando, y lanzó a su presa por los aires. Fue la ira quien la recibió cuando cayó al suelo perfectamente equilibrada sobre sus cuatro patas y con la cola tiesa como estabilizador. Un ruido sordo producido por un pisotón impidió que escapara. Los estertores de agonía que hubieran podido impresionar a su captor días atrás fueron apagados por un segundo golpe, definitivo. Sintió como reventaba algo bajo su pie.

    Le supo a poco. Aún estaba chupando cuando percibió el sabor de la piel, en su lengua. Asqueado la tiró e intentó escupir aquella pelusa. La sensación de hambre era más intensa, más fuerte, dominadora. Aquello sólo había sido un aperitivo, sentía como si el estómago estuviera succionando por si quedara alguna gota en su garganta. Se abrió la puerta.
    Entrada publicada el 04-12-2006 a las 16:36 h.

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