Voluntad
Quema. Desde el primer momento. Muchísimo. Cuando uno se salpica con el aceite de la sartén tarda unos segundos en sentir el calor, el dolor. Esto no se parecía en nada. Recordaba, no hacía mucho, que cuando se acercaba a una hoguera iba notando el calor hasta que llegaba un momento en que su cuerpo, su instinto, daban el alto. Su cuerpo, su instinto funcionaban ahora igual de bien preservándole, preservándose del peligro.
No parecía difícil. Sería rápido, sin marcha atrás, lo mejor para todos y para él. Retrocedió un par de pasos para darse impulso. No dio ninguno más, no hacia adelante. No pudo. Era débil. Era tan débil que no iba a sobrevivir de ninguna manera, era tan débil que no podía ponerle fin a aquel horror. Tenía que haber otra salida, pero ahora no podía pensar, le costaba mucho hacer cualquier cosa, pensar.
Se acercó por un lado, bajó la persiana y cerró la ventana. Desapareció la angustia y se esfumó su dominio sobre sus músculos. Se desplomó mientras imaginaba una sonrisa burlona sobre un rostro que empezaba a serle familiar, odioso también. No es tu debilidad, es tu voluntad de vivir a cualquier precio, le pareció escuchar en su sueño.
¿Mi voluntad, o la nuestra? Se sentía atrapado en un cuerpo que fue suyo y ya no lo era. Ya debía ser de noche, y parecía que todo aquello acababa de suceder. Se incorporó y lo vio sentado en el sillón, con las piernas cruzadas, con aquella sonrisa insoportable que sabía que no podría borrar. Esa mañana lo había intentado y había fracasado. Allí estaba de nuevo, para la siguiente lección.
Entrada publicada el 28-11-2006 a las 15:24 h.