Cartas de un Amante 1
La tarde va meciendo la ciudad con los últimos rayos de sol mientras yo la atravieso rápidamente, acariciando la acera con débiles pasos, para llegar a mi casa, donde me espera mi fría cama sin ti.
Te he dejado dormir, como siempre, no me atrevía a despertarte, pareces un ángel cuando duermes, y aunque me duela dejarte sin que sepas de mi partida, yo me marcho con tu imagen grabada en la mente, tu cuerpo desnudo sobre el mullido colchón; lo daría todo por poder tenerte así cada día, sólo para mí, sin tener que escondernos de nadie...
Pero así es la vida del amante, siempre ha escondidas, siempre sin que nadie sepa de nuestro amor. El viento helado corta mi rostro y mis manos desnudas, pero puedo sentir tu tibio sabor en mis labios, y aún recuerdo la calidez de tu piel junto a mi piel, cuando somos uno.
¿Puedes sentirme, mi amor? Aunque me haya marchado, he grabado mi recuerdo en tu cuerpo con besos, aun en sueños quiero que me sientas, siendo los dos cuerpos una sola alma, es lo que pretendo cada vez que te amo.
Al fin llego a mi casa, hace demasiado calor, pero es un calor agobiante, no puede compararse al calor que te ofrezco y que me ofreces. Me tiro en mi cama, tan fría que tirito... sólo puedo consolarme pensando que te he tenido hace escasos momentos, pero eso no me sirve. Así es la vida del amante: verte y no tenerte, tenerte y tener que perderte, perderte para luego recuperarte, y así eternamente...
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Más allá de la mente se encuentra el Infierno, País de las Maravillas, donde habito junto a mi querido señor Lucifer.
Entrada publicada el 27-03-2006 a las 14:40 h.