Muriendo....
Miles de cuchillos atraviesan mi alma, sentimientos de dolor, furia, tristeza, desbordan mi pequeño corazón roto en mil pedazos. Mi cuerpo mutilado yace sobre el frío arcén de la carretera. Mientras mi cabeza intenta disipar las brumas que nublan mis recuerdos, intento recomponer los últimos momentos de mi miserable vida, ¿cómo he llegado hasta aquí? Poco a poco, las imágenes se van formando en mi mente atormentada, son como diapositivas, van lentamente, me duele el cuerpo y la cabeza sobretodo, siento que me va a estallar. Veo una figura oscura que se acerca hasta mí, me habla pero no entiendo lo que me dice, quizás me dice que me va a matar, o tal vez... sí, está llamándome, está pronunciando mi nombre.
-Luri... Luri... - es como un susurro. ¿Quién eres? ¿Quién me llama? ¿Tú... quieres que siga viva? ¿De verdad... de verdad que puedo quedarme aquí, junto a ti? No dejes de pronunciar mi nombre, tu voz es hermosa, cálida y grave, no dejes de llamarme, yo quiero quedarme.
La niebla espesa que invade mi mente no desaparece... la voz se apaga... Ante mí hay un vacío inmenso, oscuridad infinita, y de pronto: luz. Una luz se enciende justo sobre mí, es una luz clara, pura... y dentro de esa luz hay un punto oscuro, castaño...
No, no es una luz, son los ojos de la misma persona que me estaba llamando, unos ojos oscuros y profundos, bañados en lágrimas. Intento abrir la boca, el sabor metálico de la sangre la inunda, quiero vomitar, pero no tengo fuerza. Tengo frío... noto mis piernas pesadas, el cuerpo de plomo, los brazos inertes, y puedo sentir mi cabello que me araña como ebras de metal helado.
Sigue llamándome, por favor; tengo miedo. No quiero morir sola, al menos, si sé que tú estás conmigo, no tendré tanto miedo. Quiero verte, quiero saber quien eres. Intento abrir los ojos... eres un chico, un muchacho muy atractivo... tienes los ojos castaños, el pelo negro, la piel tibia... qué suerte que vaya a morir en tus brazos y no abandonada. Qué suerte poder haber visto a un ángel justo antes de morir. Sonrío a mi ángel y cierro los ojos, respiro muy lentamente, poco a poco se va apagando, mi corazón apenas late ya, no noto brisa o viento, sólo la calidez que emana de mi ángel. Una agradable sensación me embarga, es tu voz que llega lejana a mi cerebro. No quiero morir. Quiero vivir y que me abraces así... quizás, si sigues llamándome, si de verdad quieres que me quede contigo, a lo mejor despierto, a lo mejor no todo está perdido.
La luz me abraza, me rodea, dejo de oír tu voz. Es como quedarse dormido, el dolor desaparece, ya no tengo miedo. Estoy muerta...
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Más allá de la mente se encuentra el Infierno, País de las Maravillas, donde habito junto a mi querido señor Lucifer.
Entrada publicada el 12-03-2006 a las 02:27 h.