Null (II)
Null contemplaba desde el umbral de la puerta del dormitorio que ella ocupaba como el amanecer entraba por la persiana a medio cerrar sin hacer ruido, con dulzura, como si él tampoco quisiera despertarla. La luz de un nuevo día contra la de su rostro con los ojos plácidamente cerrados. El amanecer no tenía nada que hacer, puto perdedor, jugaban en ligas diferentes. No existía nada más hermoso en toda esta dimensión.
Su corazón se lanzaba frenéticamente contra el esternón como quien se golpea la cabeza contra la pared por sentirse idiota. Siempre le pasaba con ella delante, su C.I bajaba en picado hasta situarse a la altura de un Homo habilis. Hubiera vendido su alma tan sólo por acariciar su cara en este momento con las yemas de los dedos, pero no podía hacerlo, iba a necesitar su alma para salvarla si todo lo demás iba mal. Sin que pudiera evitarlo la imagen de él mismo acercándose a esa cama y tumbándose a su lado para oler su pelo y rodearla con un brazo se hizo tan nítida que hasta su corazón dejó de golpearse contra la pared de la repentina ráfaga de dolor. Estaba paralizado, como un cervatillo ante los faros de la ranchera repleta de cazadores, sabía que todo volvería a fastidiarse si ella se despertara en ese momento y le viera ahí de pie, mirándola sin otro objetivo futuro. Sintiéndose un ser despreciable almacenó esa imagen con un sencillo efecto de mente. Si iba a morir pronto quería que esa fuera la última imagen que se llevara al infierno.
Salió de la habitación sintiendo esa punzada de temor de haber apartado la vista y sentir por unos instantes que ha sido la última vez que la contemplas. La cocina estaba llenándose de luz, el amanecer sí que podía competir con una cocina llena de latas de cerveza y de cajas de pizza vacías, por lo que iluminó hasta el último de sus rincones con cierto aire de revancha, lo que permitió que hasta las zonas de debajo del frigorífico recibieran el dorado regalo del alba. Se sentó en una silla de plástico tras apartar una de las cajas de pizza (con anchoas, su favorita), intentó alargar el brazo para abrir la nevera y sacarse una cerveza, pero no llegaba. El segundo intento fue utilizar una escoba para ello, pero la puerta del frigorífico parecía querer que se levantara y lo hiciera él porque no se dejaba. Null se levantó de la silla refunfuñando y abrió la puerta. Era evidente que no iba a quedar ninguna cerveza en él, no sabía ni por qué se había molestado en levantarse. Sí, porque sabía que había antes una cerveza y que ésta había desaparecido en el momento en el que decidió levantarse. Más tarde algún miembro de la cábala disfuncional que había logrado reunir se la encontrarían detrás de la lechuga o de los yogures desnatados. No quedaba más remedio si quería beber algo que pasarse a lo más duro, así que ya que estaba de pie, cogió de la terraza una botella de ron y volvió a sentarse en la mesa. El resto se levantaría pronto de ese piso franco que había conseguido haciéndose pasar por un hermético, para cuando hubieran descubierto el engaño todo habría acabado para bien o para mal. Volviendo a sentirse indeseable abrió la imagen guardada para verla de nuevo dormida y contuvo las lágrimas al volver a imaginarse abrazado a ella, sintiendo como sus dos corazones latían a la vez.
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"Love is a snowmobile racing across the tundra and then suddenly it flips over, pinning you underneath. At night, the ice weasels come."
-- Matt Groening
Entrada publicada el 21-08-2006 a las 17:09 h.