Parace ser que Dennis Detwiller, uno de los diseñadores que más me gustan, escribió una
entrada en su blog en el que decía que, basicamente, todo se va al carajo. Y esa entrada fue comentada en
este hilo de nuestra estupenda página de la mano de Andrés, que como todo el mundo sabe, ha llegado a la última página de internet dos veces (es
esta, por cierto).
Pero de todo el tema lo que más me llama la atención fue este comentario de Virdi:
Ya hoy en día ,en la tienda especializada que frecuento, veo que los menores de 20 que consumen rol son un puñado de frikis minoritarios, los parias del cole. O sea, hemos vuelto a mediados de los 80.
Espera un momento.
¿Los roleros hemos sido guays? ¿Cuando ha pasado eso? a mi no me mandaron el email, nadie me mandó un fax, no se me informó de ninguna manera.
Una pena. La ilusión que me hubiese hecho entrar en un bar y decirle a una señorita estupenda algo de la línea
"Sí, y además juego a rol." y ella respondiese algo así como
"¡Que guapo! Cuentame más, por favor. He oído algo de eso y suena interesantísimo." Pero no. Mira que es una pena. Lo que hubiese fardado al ir a la universidad.
"Juan, deja de contar tu puto viaje a Nueva York, que me han dicho que este juega a rol. Seguro que tiene histórias increíbles."
Hombre, ahora que lo pienso, sí hubo un momento que eramos un colectivo de lo más guay... siempre que consideremos que
Hanibal Lecter es guay, claro. Cuando el pais creía que los jugadores de rol teníamos la secreta ansia de matar gente porque lo ponía en la contraportada del paranoia. "De verdad que no voy a matar a nadie," la única conversación madre e hijo que es
más incomoda que la del sexo. Ole.
Pero no, debía estar en un sótano con media docena de frikis tirando dados un sábado por la tarde ya que no ibamos a la discoteca, sin saber lo guays y fascinantes que resultabamos, con todos aquellos dados de colorines. Lo
cool que resultabamos jugando a magic en los descansos de las clases, mientras los compañeros nos miraban con lo que creía que era mirada de
"que raro es ese tio" pero resulta que era callada admiración por no poder ingresar en un mundo tan fascinante como el de quien se ha pateado el Amazonas o quien ha estudiado Yoga en la India. Más o menos lo mismo.
Anda, no me jodas. En el instituto, si jugabas a rol,
tenías un 90% de posibilidades de no ser guay. Tenías tus amigos (que tampoco eran guays), acababas saliendo de copas y lo pasabas en grande e incluso algún día hacías cosas de persona normal como todo el mundo. Pero no eras guay.
Eras el raro de la clase. De hecho, los viejos roleros que conozco ahora que ya han casi llegado a la barrera de los treinta tienen un 75% de posibilidades de seguir sin ser guays.
Lo que pasa es que claro, tienen más años, más amigos, un trabajo, hablan con gente normal (
y han aprendido a hablar con gente normal, dejando de lado referencias a subculturas varias, que cuesta) y como ya no les dan collejas en el pasillo
creen que han cambiado. Pero sin embargo, en la cena de empresa la gente se arremolina alrededor de tres o cuatro individuos que ni han leído un puto libro en su vida ni falta que les hace, pero que son simpáticos e interesantes, y dominan temas que interesan a la gente.
Nunca he sido guay. De veras. Y me gusta. Me gusta leer por leer, conocer por conocer, picar un poco de todo, leerme páginas sobre Patton o Alejandro Magno en la wikipedia, saber porque en 300 hay errores históricos a patadas y un huevo de cosas más que no valen para nada. Lo prefiero a leer el periodico todos los días empezando por la página de deportes, a opinar más o menos
lo mismo que todo el mundo con el que hablo, a no destacar demasiado no sea que me miren mal, a aburrirme si me pillo un mes de vacaciones porque no sé que hacer con tanto tiempo y a ver la televisión desde que llego a casa hasta que me acuesto. Que cada uno se lo monte como quiera, y
cada cual haga lo que le guste, pero yo estoy bien como estoy, gracias.
Así que lo dicho. Cada cual pensará diferente. Yo siempre tuve la teoría de que los roleros eran, basicamente, adolescentes que se metían en esto
porque no ligaban en el instituto. Pocos casos (aunque alguno) he conocido que se salgan de la norma.
Así que
no reescribamos el pasado, porque en las tiendas frikis
los chavales siempre han sido los mismos. Grupos de chavales rebeldes,
de mirada fiera y dados en la mano, que contaban con pocos amigos pero leales como legiones, que no les importaba lo que los demás pensasen de ellos ni que sus madres reprobasen sus camisetas negras de vampiro o lo que fuese. Gente que ya desde pequeños leían y nunca dejarían de hacerlo,
de imaginación viva y un gusto terrible por los chistes malos.
Roleros.
Entrada publicada el 15-05-2008 a las 17:08 h.