Mi despertar... un fragmento del libro que escribo
Mientras mis nuevos ojos se acostumbraban a la poca luz de la cripta y mi garganta reconocía ligeramente el sabor de un elixir que nunca se podría olvidar, pude notar una ligera sonrisa entrecortada de aquel que me levantaba de mi largo descanso.
Luciano Cadenza, childe de mi childe, me saludó respetuosamente mientras me facilitaba una vasija con más sangre. Empecé a degustar esta vez de un sabor particular, joven doncella. Lo que mi paladar requiere como sustento. Aún estaba tibia… cosa que me dio mucho gusto. Con eso pude contener a la bestia mientras saciaba una sed como nunca antes había sentido. Pues este fue mi primer sueño largo… sueño que nace de la edad y del espesor de la sangre. Reconfortante para muchos, aterrador para otros, pero necesario para todos.
Mientras él cerraba sutilmente su herida de la muñeca con la boca y me proveía de otra vasija, sentí como a medida que bebía, mis tejidos se regeneraban de a poco. Mis nervios se conectaban unos con otros y empezaba a sentir la leve brisa rozarme, músculo se formaba donde antes sólo había piel sobre hueso y la fuerza me regresaba. Empezaba a escuchar el silencio de la caverna, a oler la humedad combinada con el aroma de la sangre y a sentir como todo mi ser recuperaba lentamente su poder.
Me di cuenta de sus vestimentas, algo diferentes a lo que solía usarse en mis queridos años veinte. Entonces empezaron a llegar los recuerdos… muchos recuerdos. Sin embargo, se mezclaban con los sueños que tuve a lo largo de mi descanso. Después de una larga suspensión, o como nosotros lo llamamos, letargo, es difícil separar las memorias de las ilusiones y las pesadillas. Definitivamente necesitaría de mis escritos anteriores, mi primer diario
Lo primero que debía hacer era encontrar mis pertenencias más importantes. Entonces vi la caja fuerte empotrada en la pared de la caverna. Después de un momento, le pedía a Luciano que se retire y me espere afuera. Empecé a buscar en la parte interior de mi lecho de descanso y encontré grabado en la piedra una serie de números. Una vez abierta la caja fuerte pude recobrar las tres cosas más importantes con las que no podía dormir, mi terno, mi bastón y mi diario. El anillo de Argus, mi antiguo mentor, me acompañó a lo largo de mi sueño en el lugar acostumbrado, mi meñique derecho. La maleta que me había dejado Luciano al pie contenía las demás prendas de vestir que necesitaría. Una camisa blanca de la época, corbata, cinturón, reloj, guantes de cuero, pañuelo, ropa interior, medias y zapatos. Empezaba a notar algunas de las mil diferencias que vería al llegar a la ciudad.
Me quedé maravillado viendo el tamaño de la ciudad. Le pedí a luciano que diéramos una vuelta por las calles antes de llegar a nuestro destino. El progreso de los mortales era notable… pero algo extraño para mí. Los autos, empezando por nuestra limusina. Los edificios, la ropa, los peinados, incluso los letreros me llamaban la atención. Todo tenía un aspecto diferente pero con un aroma a los viejos tiempos que no se perdía del todo.
Continuará...
Entrada publicada el 02-04-2007 a las 09:03 h.