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Aullidos Inconexos

Una bitácora irregular, desarticulada, incoherente y desde luego, muy caótica... vamos, como yo.

Acerca de Fenris de Bjornaer

Seudónimo: Fenris de Bjornaer
Sexo: Hombre
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Fenris, filius Capitolinae, sectator Bjornaeris. Un lobo al que de tanto en tanto le gusta escribir.

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Entradas noviembre 2006

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  • Hagan juego, señores...

    Hay noches en las que uno debería tomarse dos pastillas y meterse en la cama. Hay noches en las que habría que encender la tele y tragarse la tontería de turno que estén dando. Hay noches en las que no deberías ponerte con ese libro tan interesante. Porque, claro, uno se pone a leer. Y leyendo, leyendo, se le ocurren a uno ideas. Y con esas ideas, aparecen las preguntas. Y se pregunta uno...

    ¿Por qué jugamos?

    Que sí, que ya lo sé. Que estoy yo muy mal de lo mío otra vez. Pero me vuelvo a preguntar...

    ¿Por qué jugamos?

    La presencia del juego es tan importante en todas las culturas humanas que incluso hay quien nos define como Homo Ludens, más que como Homo Sapiens. DEsde que tenemos noticio, el ser humano ha jugado. Y nosotros, como no, en plena cultura del ocio, seguimos jugando. Hemos llegado a valorar de tal manera el juego, que pagamos a los mejores jugadores cantidades astronómicas para que sigan jugando, para disfrutar con su pericia en el juego proyectándonos en ellos, adorándoles, odiándoles, pero siguiéndolos torneo tras torneo. Y sí, hablo del futbol, que al fin y al cabo, como cualquier otro deporte, no es más que un juego, pero también pienso en esos torneos de Magic: The Gathering, en los campeonatos de Scrabble, en las competiciones de ajedrez, en esas partidas de póker televisadas... Juegos, al fin y al cabo. ¡Si será importante el juego que lo hemos llegado a profesionalizar!

    Pero la pregunta sigue ahí... ¿Por qué jugamos?

    Creo que la primera aproximación debemos hacerla desde el terreno de la etología. Prácticamente la totalidad de los mamíferos superiores presentan en su etapa infantil el juego como elemento común. Ese juego deviene elemento de aprendizaje y establecimiento de protonormas grupales. Así, los cánidos aprenden mediante sus combates lúdicos, a someterse al más fuerte, mostrando abdomen y cuello descubiertos y situando sus cabezas por debajo del vencedor. Así, cuando en el futuro se enfrenten por el liderazgo de la manada o por la supremacía reproductora sabrán reconocer y adoptar las posturas convenientes para evitar morir en el intento o matar a un miembro útil del grupo. Por lo tanto, jugamos para aprender, tal y como hacen los niños, quienes descubren a través de los juegos mecanismos de interacción social, asimilan la necesidad de aceptación de normas y el reconocimiento de los instrumentos de comunicación necesarios para su supervivencia social. Y cuidado, no me estoy refiriendo a los famosos juegos educativos, que en ocasiones tienen de educativo lo que yo de catedrático de parsi, sino a cualquier juego. Siguiendo un desarrollo normal los niños establecen 3 etapas en su relación con el juego:

    1.- Juego Libre: No existen normas. Cada uno juega como quiere. No son auténticos juegos sociales, sino que su espacio vital coincide ocasionalmente. El diálogo es casi inexistente.

    2.- Juego Normativizado: La norma es una verdad sacrosanta, inamovible e inalterable. Quien se desvía de la norma es rechazado y aislado. No hay diálogo sino enfrentamiento de posturas o aceptación y sumisión

    3.- Juego Pactado: La norma se establece por negociación entre los jugadores, quienes pactan, ya sea previamente o en el transcurso de la actividad, que normas van a aplicar y cómo. Aparece el diálogo como instrumento de acercamiento.

    Si buscamos un segundo enfoque, podríamos intentar buscar la respuesta desde el campo de la psicología. Pero éste es tan amplio que querría dividirlo en tres posturas, quizás no enfrentadas pero sí con visiones tremendamente diferentes.

    Analizando el por qué de la actividad lúdica desde la óptica de la psicologia tradicional, más individual y orientada a los procesos exclusivamente internos, consideraríamos que el juego es la respuesta a una serie de pulsiones, de impulsos básicos, relacionados con las dos grandes potencias de la mente, el eros, o busqueda de amor y placer y el tanatos, el impulso destructivo y agresivo. ASí, mediante el juego sublimamos esas pulsiones proyectando nuestro Tanatos hacia un objetivo netamente inofensivo, destruyendo una representación o una proyección de aquello que nos incomoda, que nos molesta. Y de igual forma, satisfacemos por desplazamiento nuestro Eros. Pocos de nosotros podremos entrar en liza para ganar millones comprando cadenas hoteleras, invadir paises, rescatar a la dfamisela en apuros que nos jurará amor eterno o enfrentarnos a cualquier calamidad y salir victoriosos. Pero el juego nos permite todo eso, y mucho más, con lo que satisfacemos nuestras pulsiones, tanto las positivas como las negativas, de una forma socialmente aceptada y que nos libera de la tensión de reprimirlas.

    Si buscamos una explicación más basada en la psicología de corte social, probablemente optaríamos por decir que jugamos para establecer los lazos emocionales con nuestros iguales, determinar estrategias de conducta y comportamiento en función de las respuestas de los otros, sin tener que temer el ostracismo real por haber adoptado posturas antigregarias. Así, el juego es el campo de entrenamiento de la futura arena social. A través de nuestra progresiva integración en las normas del juego, aprendemos los mecanismos de convivencia, los interiorizamos y lo que es más importante, se forja nuestra forma de ser, nuestra personalidad, en interacción continua con el medio social.

    Pero si hablamos de construcción, tenemos que hablar necesariamente de esa tercera postura a la que me refería al inicio. Desde una postura construccionista o interaccionista de la psicología, asumimos que el ser humano es en tanto se construye de forma continuada en su relación con los otros. Y el juego es el primer elemento de comunicación con el entorno. Así pues, nos construímos psiquicamente jugando, al establecer relaciones con los demás, que nos reflejan la imagen que poco a poco establecemos de nosotros mismos. Ya sabeis el dicho: "Te conoces en la medida que conoces a los demás". Es decir, que construimos nuestra identidad a través de la reelaboración continua de nuestro yo mediante el contacto con los otros. Y para ello, y especialmente en los primeros años de vida, el juego es fundamental. Es el patrón a través del cual nos medimos y comparamos con nuestros iguales, a través del cual reconocemos lo que nos complace o desagrada en otros y así asumimos los comportamientos, actitudes y respuestas que nos parecen más adecuadas. Nadie se construye en soledad, sino a través de la interacción con el medio. Nadie juega solo, si no le han enseñado a jugar.

    Aunque, en definitiva, todos sabemos por qué jugamos. Jugamos, porque es divertido :-)
    Entrada publicada el 30-11-2006 a las 09:59 h.

6 comentarios

  • Avatar de Cauchemar

    #1

    Es facil.... jugamos para aprender a jugar mejor y poder no perder por mucho nel juego mas importante... la vida.

    O no se que de no mezclar las pastillas blancas, con las pastillas azulas, con las de colorado, con las que sabes tú, sabes tú.
    Enviado por Cauchemar el 30-11-2006 a las 12:06 h.
  • Avatar de Cassandra

    #2

    juer...y todo esto por una noche sin dormir...

    ¿Porqué jugamos? Porque lo vemos más divertido que charlar de ropa o de O.C. todo el día, supongo...

    pastillitas de cuáles? :P
    Enviado por Cassandra el 30-11-2006 a las 19:08 h.
  • Avatar de Andrés

    #3

    Estoy de acuerdo con Cauche, que por algo le ha dado por la filosofía.

    Se juega para aprender de una manera divertida y aplicarlo cuando no estas jugando, y eso hasta lo hacen algunos animales.

    Lo bueno es poder seguir haciéndolo siempre por mero placer aunque no lo necesites :-)

    P.d: A mi esas ideas raras solo se me pasan por la cabeza cuando voy dormido en el cercanias XD
    Enviado por Andrés el 30-11-2006 a las 22:13 h.
  • Avatar de Dani

    #4

    Es como tantas cosas que procuro no probar. Si produce el mismo efecto cerebral que una buena tableta de chocolate bien negro, resulta adictivo y yo es que soy muy débil y muy simple, me quedé en el Homo Habilis.
    Enviado por Dani el 30-11-2006 a las 23:25 h.
  • Avatar de Neuromante

    #5

    Yo me identifico más con el Homo Erectus, en el sentido más sucio de la expresión por supuesto.
    Enviado por Neuromante el 01-12-2006 a las 00:20 h.
  • Avatar de Invitado

    #6

    Se juega porque se quiere ganar.
    Si no ganas en tu vida cotidiana, intentas ganar con el juego.

    Leñes... soy monty... pero esto no me reconoce :(
    Enviado por Invitado el 07-12-2006 a las 17:12 h.